En mi época de estudiante, cuando me obligaron a leer la obra cumbre del escritor y filósofo Aldous Huxley, admito que no me puse especialmente contento, y más teniendo en cuenta que en determinado examen de fechas posteriores, un porcentaje de preguntas serían sobre el relato en cuestión.
No obstante, con el transcurso de los años he de admitir que me alegro de haber digerido aquellas páginas. Se trata de una obra futurista e instructiva a la vez que filosófica. Escrita en los años 30, la novela no parece haber envejecido tras haber transcurrido ocho décadas desde su nacimiento. Trata sobre una sociedad situada en un período indefinido en la que se han erradicado la riqueza y la pobreza y aparentemente todo el mundo es feliz, tal y como indica el epígrafe. El problema principal es que dicho objetivo se ha alcanzado a base de eliminar valores básicos de la sociedad actual tales como la familia, la religión, las culturas o la ciencia. Ignoro qué sucede con los deportes, no recuerdo si la obra trata o no el tema.
En aquel ficticio mundo de ensueño, los individuos no son concebidos a través de la copulación, sino que son fabricados en serie, lo que podríamos llamar como el futuro de la ya actual reproducción in vitro. Tal vez la ciencia en un futuro no muy lejano acabe dando ese paso, y en aquel entonces el relato de Huxley comience a envejecer e incluso a quedarse obsoleto.
No voy a detenerme demasiado en narrarles el argumento de la obra página a página. Lo que sí voy a comentar es que me ha llamado la atención que en aquella peculiar forma de fabricación humana en serie, los individuos quedan predestinados a formar parte de una de los cinco estratos sociales de aquel ficticio y peculiar mundo, de la misma manera que una factoría de automóviles fabrica modelos de gamas altas, medias y bajas. Los seres que aterrizan en el mundo, según la novela pueden ser: Alfa, Beta, Gamma, Delta y Epsilon. Cada casta está destinada a realizar ciertas tareas. A las personas que forman parte de las capas inferiores se las adoctrina desde su nacimiento para que estén satisfechos e incluso orgullosos de pertenecer a ese sector. Además el Estado les suministra una droga, llamada soma, que les aporta un estado de felicidad constante. La estratificación recuerda de cierta manera a la clasificación de los grupos de funcionarios reflejada en el Estatuto del Empleado Público, aunque realmente sería extrapolable a la de cualquier empresa de mediano o gran tamaño y se puede resumir de la siguiente manera:
Los Alfa son la casta superior, la élite, la cúspide de la civilización. Realizan los trabajos que requieren una mayor inteligencia, tareas intelectuales que implican una gran responsabilidad.
Los Beta engloban a los ciudadanos que desempeñan tareas administrativas para apoyo de los Alfa.
Los Gamma sería el estamento de los trabajadores medios.
Los Delta y Epsylon formarían la capa más básica y menospreciada de la civilización, siendo los encargados de las labores manuales y los trabajos pesados. El soma juega un papel fundamental en estos individuos, con el fin de que no pierdan su felicidad y su sensación de ser privilegiados.
Como he indicado anteriormente, esa segmentación de la sociedad ha atraído mi atención y la razón es muy simple: guarda un pleno paralelismo respecto al mundo de las apuestas. Si las personas que formamos parte del mundo de las apuestas estuviéramos inmersos en el escenario de la novela, en ese “mundo feliz”, la división social sería:
- Alfa: La clase superior, los propietarios de las casas de apuestas, casinos online y mesas de póker. Se embolsan dinero sin riesgo alguno.
- Beta: La segunda clase, que apoya a la anterior. Formada por los propietarios de los más populares portales de apuestas que, en connivencia con los Alfa, se embolsan dinero también sin riesgo alguno. Los banners de afiliados son una auténtica mina en determinados casos.
- Gamma: La clase intermedia, la formarían los apostantes que a largo plazo generan rentabilidad, ya sea de forma profesional o amateur. Igualmente se embolsan dinero, pero asumiendo riesgos, los inherentes a la actividad. Pueden o no escribir en los populares foros de apuestas, ostentados por los individuos Beta.
- Delta: Ya inmersos en las clases inferiores, este segmento, mucho más numeroso que todos los anteriores juntos, lo formarían los apostantes que no son capaces de generar rentabilidad y pueblan los foros de los individuos Beta, escribiendo pronósticos en los que prima la cantidad, que no la calidad, con explicaciones vagas y en ocasiones de ligas desconocidas.
- Epsylon: ¡¡¡¡GRANDE KOREA, HOSTIAAAAAAAAAAAAS!!!!










