Al igual que ocurre con cualquier otra enfermedad mental, para afrontar el serio problema de la ludopatía, el primer paso que debe dar la persona que lo padezca es admitir su existencia. A priori sobre el papel podría parecer algo muy básico, pero en la realidad un elevado porcentaje de quienes sufren estos trastornos, o no llegan a ser capaces de admitirlo, o cuando lo hacen es ya demasiado tarde y han dejado atrás una lóbrega vida de penurias económicas y emocionales con grave perjuicio no sólo para sí mismos, sino también probablemente para sus seres más queridos o allegados. Afortunadamente existen casos de personas que con la debida autodisciplina y tal vez con ayudas externas, han sabido reaccionar a tiempo, han hallado el origen del problema, lo han afrontado e incluso algunas en concreto han tenido la gran valentía de hacer público su caso, intuyo que con dos objetivos: en primer lugar, a modo de autocontrol, para no recaer en errores del pasado; y en segundo, para convertirse en espejo de otras personas afines con la misma patología y que así sepan emprender el buen camino. Les hablo de D. David Fernández Fernández, autor del libro Diario de un ludópata, y propietario de esta página web, persona cuya historia personal de autosuperación ha atraído mi atención y que se ha convertido en sujeto de mi personal admiración. No acostumbro a elogiar gratuitamente a nadie, mas la ocasión lo requiere en este caso concreto. Enhorabuena David, si me estás leyendo.
Si tuviera que comentar su página web en todos sus apartados, el artículo se extendería mucho más allá de lo acostumbrado, así que voy a remitirme a algunos aspectos concretos y muy probablemente en un futuro retome la materia, puesto que me ha parecido una web interesantísima, y probablemente también lo sea el libro que ha escrito, si bien es cierto que no lo he leído. No obstante me aventuro a recomendar su lectura a quien piense que puede hallarse inmerso en problemas con el juego, puesto que muy probablemente se trate de una herramienta útil para remediar sus problemas. Se puede adquirir cumplimentando debidamente un formulario online en la misma página web, y su coste probablemente sea muy inferior a lo que determinados sujetos despilfarran a diario en apuestas absurdas e infames. No lo consideren un gasto, sino una inversión. Probablemente lo sea.
Los dos primeros párrafos de su autobiografía, a la par que estremecedores, resultan un claro y pedagógico ejemplo de que se puede comenzar a caer en el pozo del juego de la forma más absurda e inimaginable. Su caso particular, una moneda de dos euros que se multiplicó cual milagro de panes y peces. De modo que el origen de una grave ludopatía que nos lastre el resto de vida puede encontrarse a la vuelta de la esquina, ya sea en el amigo que nos invita a las carreras de caballos, o nos anima a depositar unas monedas en la máquina tragaperras de turno.
En su capítulo de agradecimientos reconoce errores del pasado, al igual que hiciera el maestro Freddy Mercury en In my defence. (La estrofa We never listen enough, never face the truth se adapta perfectamente a algunos casos graves en concreto) . Pese a la contundencia de determinadas frases, no creo que los desaciertos de David hayan sido más intensos o graves que los que han podido cometer otras numerosas personas a lo largo y ancho del mundo y que nunca jamás los han reconocido, ni los reconocerán.
Concluyo mi breve pero conciso artículo apropiándome de un párrafo del propio David e introduciendo un par de pequeñas modificaciones de mi cosecha: “Si consideras que puedes tener algún problema con el juego no dudes ni un segundo en acudir a algunas de las asociaciones creadas a tal efecto, pero ten clara una cosa: Acude por ti, no lo hagas por tu mujer, ni por tus hijos, hazlo por ti.” Dado que la ludopatía de una persona afecta a otras allegadas, tratar adecuadamente la salud mental de uno mismo implica mejorar de forma indirecta la del cónyuge, hijos, etc.
Tómenselo como quieran, pero este artículo es absolutamente serio, no existe broma ni ironía alguna ni dobles sentidos.













