Hace unos años, cuando me hallaba amueblando mi humilde morada, le llegó el turno a la cama, objeto al que le otorgo la máxima prioridad teniendo en cuenta que la tercera o la cuarta parte de mi vida transcurre encima de tan preciado y útil objeto. Recorrí varias superficies comerciales de diferente tamaño en pos de la mejor relación calidad-precio, como si me hallara buscando la mejor cuota para cualquier evento deportivo.
Visitando la zona de colchones de una gran superficie comercial generalista cuyo nombre voy a omitir, en un momento concreto no se encontraba en el lugar nadie que me pudiera atender, por lo que acudí a Atención al Cliente requiriendo los servicios del encargado de la zona. Le llamaron por megafonía y al cabo de unos minutos apareció un llamativo personaje con coleta y varios piercings dispuesto a ejercer su labor. No tengo ningún prejuicio contra de la gente con ese aspecto, aunque en ese caso se notaba a la legua que el zagal no tenía mucha pinta de entender de colchones.
“Ese es el Pikolín Iberia, cuesta 645 euros. Ese otro es el Pikolin Vals, cuesta 820 euros”. Y así con el resto del muestrario. Desde luego, el muchacho para leer etiquetas no tenía precio, pero para asesorar sobre colchones, mostraba ciertas lagunas en sus conocimientos.
Posteriormente acudí a una macrotienda especializada en colchones y sofás ubicada en un polígono industrial. El dependiente que me atendió fue capaz de informarme de la composición de cada uno de los colchones, de sus refuerzos lumbares y laterales, de la opinión general de clientes anteriores y de otros aspectos de lo más variopintos que jamás pude haber imaginado. Finalmente adquirí el somier y el colchón en este establecimiento.
Es evidente que mediaba un abismo entre la formación de los trabajadores anteriormente descritos. En cualquier caso, no guardo ningún rencor ni mal sentimiento hacia el vendedor que sólo fue capaz de leerme las etiquetas. Sentí cierta empatía hacia él. La situación es la de la típica gran empresa en la que el descontrol sobre los empleados es absoluto y que a falta de nadie mejor, encomendaron el “marrón” a esa persona. Me imaginé una situación hipotética en la que, sin disponer de conocimiento alguno, me toca sustituir a un vendedor especialista en electrodomésticos para asesorar a un supuesto cliente sobre la nevera de mi cocina. Me podría haber puesto a tartajear “Pues sí, es Balay… es blanca… tiene dos puertas… tiene botones…”, y dicha descripción se encontraría a años luz de lo que un técnico podría explayarse acerca de la capacidad, el compresor, el tiempo de conservación de los alimentos, etc.
Lo descrito es un ejemplo claro de la importancia que tienen la formación y la información en la sociedad actual. Pero no es la única situación que recuerdo al efecto, voy a relatar otra: en mi primer viaje a Portugal pequé de creer saberlo todo sobre el país vecino. “Son como nosotros solo que hablan un poco diferente”. Craso error. Pagué las consecuencias en mi primera comida de restaurante. Según tomamos asiento, un servicial camarero nos sirvió amablemente sin haberlo solicitado todo un sinfín de aperitivos consistente en paté de sardinas, pulpo a la vinagreta, pan, mantequilla, carne marinada, etc. Tras finalizar los postres pude comprobar que, con la misma amabilidad con la que nos habían servido aquellas viandas, las habían incluido en la cuenta. Todo por no haberme ilustrado lo suficiente. Posteriormente pude comprobar que la determinación que toman los clientes avispados es rechazar “amablemente” dichos entrantes, como quien ignora una suculenta promoción de cualquier bookie o un pronóstico que no se encuentre correctamente explicado. La falta de información por mi parte fue lo que causó un pequeño problema que se podría haber evitado, en este caso, que la minuta a abonar fuera más gravosa de lo que inicialmente se esperaba.
El motivo de todo lo que he desarrollado hasta ahora a modo de introducción extensa es para hacer ver que en el mundo de las apuestas la formación y la información no solo son importantes, sino que me aventuraría a afirmar que son imprescindibles. Y lo son tanto desde el punto de vista de la casa de apuestas, como del apostante.
La importancia de que la casa de apuestas tenga a su personal debidamente formado es fundamental de cara a la minimización de riesgos o a la imagen de cara al cliente. A lo largo de la historia de cualquier bookie online hemos comprobado cómo en determinados deportes y mercados ha existido un continuo feedback, de forma que han ido afinando a la hora de posicionar sus cuotas o han ido estableciendo límites a las ganancias de los jugadores más sagaces. Y en cuanto a la imagen de cara al exterior, he podido ver las dos caras de la moneda. Desde casas que gozan de buena fama y exquisito trato al cliente hasta otras que han enseñado sus vergüenzas a primeras de cambio con detalles de lo más absurdos. Un claro ejemplo de lo que hablo han sido numerosos bookies que han querido expandirse por el mercado de habla hispana sin ni siquiera disponer de alguien en su plantilla que conozca la lengua castellana. De cara a la clientela, dan muy mala imagen los errores gramaticales u ortográficos, y ya no hablemos de correos casi ilegibles escritos a golpe de traductor. Por otra parte, un banner en el que se puede leer “Cosiga un bono…” tampoco contribuye demasiado de cara a la percepción exterior. El banner en cuestión era de Ladbrokes y lo vi hace algunas semanas en xscores.com
Y ya por último procedo a tratar lo esencial que es la formación en el apostante. Antes de nada quiero hacer un llamamiento a cualquiera que lleve al menos dos años en el mundo de las apuestas a que eche la vista atrás y se percate de todo lo que ha aprendido sobre la materia. No nos damos cuenta, pero hemos aprendido mucho. No en vano, podríamos probar a hablarle de Asian Handicaps, Stakes, Paypal o Surebets a la primera persona que nos encontráramos caminando por la calle y comprobar la cara con la que nos mira. ¡Sabemos mucho, pero nunca es suficiente!.
Un apostante novel no dispone de ese tipo de conocimientos, que se van adquiriendo con la experiencia. Las bofetadas, las malas rachas, el método de prueba y error, las promesas de no volver a caer en determinado desacierto… todos esos aspectos y muchos otros van curtiendo al inversor en apuestas deportivas, en ocasiones sin que éste se percate.
Para ejercer esta actividad en condiciones de obtener rendimientos a largo plazo es conveniente una formación previa de cultura general (conceptos informáticos, psicológicos, estadísticos y matemáticos, idioma inglés, etc.), la cuál debe servir de base para todos los conceptos que se van a asumir después. Y respecto a la adquisición de experiencia en la inversión en apuestas, considero vital una premisa: todo tiene un orden, nunca se debe empezar la casa por el tejado.
Para apostar, generalmente aprendemos de forma autodidacta, no existe en el mercado ningún curso organizado ni estructurado por lecciones. Tampoco imparten esa materia en los planes de enseñanza, al menos por ahora. De modo que es uno mismo quien tiene que ir recabando información de webs especializadas, o tal vez puede tener la suerte de dar con algún amigo o conocido más experto que le ofrezca ayuda al respecto.
En cualquier caso, si algún jugador novato se encuentra leyendo estas líneas, desde este humilde blog se recomienda comenzar por lo básico para posteriormente adquirir conocimientos complejos. Si se abren una cuenta en Betfair, comiencen sabiendo lo que es el back, que ya tendrán tiempo de operar con los lays. Si hacen lo propio en Pinnacle, coloquen una apuesta simple antes de empezar con compras de puntos. Y por supuesto, si ingresan dinero por primera vez en una casa de apuestas, ¡mejor que sean 30 euros que 3.000!



Quizas una web que ofreciera una formacion inicial para principiantes, formacion continua para apostantes avanzados, y todo tipo de herramientas auxiliares, seria una buena posibilidad para emprendedores, como idea incluso de negocio.
ResponderSuprimirLas posibilidades que ofrecen los webinarios y seminarios virtuales son ilimitadas.
Pero claro, deberia ser un proyecto serio, y por supuesto alejado de la dependencia de las casas de apuestas, que acaban contaminandolo todo.
Partiendo de la base de que nadie tiene una varita mágica para predecir el futuro, el mundo de las apuestas es un riesgo infernal que puede pasar de ser una simple afición a ser tu peor pesadilla, ya que te puede destrozar a tí, a tu familia, etc. Hay gente enganchada a las webs de apuestas, a los chats de apuestas, y a los blogs todo el santo día, no se de donde sacan tiempo para hacer todas las cosas que se supone que tienes que hacer en la vida (comer, cenar, estudiar, trabajar, cuidar a tus hijos, atender a tu mujer, en definitiva... a vivir). Hay un dato que me desconcierta aún más... en épocas de crisis (como la actual), el mundo de las apuestas no sólo no tiene crisis, sino que crece cada vez más. ¿estamos locos o qué? Una excelente propuesta la de tu blog, mudanzas. Saludos.
ResponderSuprimirLo de que el juego en general y las apuestas en particular crecen en época de crisis no es verídico. Conozco gente que lleva contabilidad en este tipo de negocios y la media es que ha bajado a un 70% la inversión.
ResponderSuprimirDe todos modos, este dato es contaminante, ya que la inversión en apuestas deportivas está creciendo muchísimo, pero más por el modelo de negocio que por la crisis en sí. Es complicado la verdad.
Saludos.
Gracias por vuestros comentarios.
ResponderSuprimirPoco que añadir.
Saludos.
A mi los recuerdos que me trae este articulo es lo de las llamadas a Telefonica. Es que como se me estropee la conexion se que me espera un viacriucis gordo, pasas por varios personajes a cada cual mas ignorante. Te empiezan diciendo que sera cosa de tu antivirus o que resetees el router, y cuando por atciva y por pasiva les dices que eso ya lo has hecho, te hacen tocar la configuracion, las DNS y su puta madre. Y en muchos casos al final el problema era de ellos
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