El trastorno del juego adictivo como alteración grave del comportamiento entraña más gravedad de lo que la sociedad percibe. No en vano, se calcula que en España un total de 500.000 personas padecen estas patologías y necesitarían un adecuado tratamiento. Un habitante de cada noventa, aproximadamente. A la vista de los datos, una clínica de tratamiento de estos trastornos podría convertirse en el negocio del siglo, aunque intuyo que no es tan sencillo, toda vez que la inmensa mayoría de los afectados no admiten su enfermedad y la ocultan sistemáticamente.
Se trata por tanto de un problema que aunque se desconoce a qué épocas se remonta, se encuentra todavía en fase de estudio por parte de los profesionales de la psiquiatría. Esta ciencia tan solo lleva unos años ocupándose de los trastornos ludopáticos, y no fue hasta 1.992 cuando la Organización Mundial de la Salud incluyó esta enfermedad en su amplio repertorio, concretamente en la categoría de “trastornos de la personalidad y del comportamiento”. Dicha organización define textualmente la ludopatía como “la presencia de frecuentes y reiterados episodios de participación en juegos de apuestas, los cuáles dominan la vida del enfermo en perjuicio de sus valores y obligaciones sociales, materiales, laborales y familiares”, definición que es bastante similar a alguna de las explicaciones ya ofrecidas en este humilde blog en artículos anteriores.
Continuando con los criterios de la Organización Mundial de la Salud, la ludopatía se manifiesta a través de los siguientes síntomas encadenados:
1- Presencia de dos o más episodios de juego durante el mismo año.
2- Tales episodios carecen de provecho económico para el individuo y, sin embargo, se reiteran a pesar de los efectos perjudiciales que producen a nivel social y laboral, sobre los compromisos personales y sobre los valores.
3- El afectado se halla inmerso en un impulso incontrolable y vehemente de jugar, siendo incapaz de abstenerse de hacerlo por voluntad propia.
4- Preocupación con sentimientos e imágenes mentales relacionados con el acto de jugar o con las circunstancias que lo rodean.
En este sentido, aun no siendo yo profesional de la materia, considero que el trabajo del psiquiatra debe estructurarse al igual que ocurre en el tratamiento de cualquier otra enfermedad, en dos fases principales: diagnóstico y tratamiento.
a) Diagnóstico: Revisión de antecedentes personales y familiares, exploración del estado físico y mental y conocimiento de otras posibles adicciones, ya que como mencioné en su momento, son muy numerosos los casos en los que el juego compulsivo y el alcoholismo van estrechamente unidos. Igualmente se debe investigar la existencia o no de otros trastornos psiquiátricos concurrentes e incluso decidir si procede la derivación a un centro hospitalario en el caso de detectarse riesgos de suicidio, psicosis o un estado físico calamitoso.
b) Tratamiento: Investigando en páginas especializadas, he averiguado que los tratamientos se pueden tipificar en cuatro categorías. Veámoslas.
b1) Técnicas de control de estímulos: Tradicionalmente ha consistido en la restricción de acceso a determinados lugares, compañías y actividades relacionadas con el juego, y un control estricto del dinero. En la actualidad habría que agregar algún filtro en cuanto a la conexión de Internet, puesto que son tantos los casinos online, casas de apuestas y salas de poker existentes, que un ludópata puede reincidir en los hábitos dañinos sin desplazarse de su domicilio personal.
b2) Técnicas de terapia cognitiva: Existe una clara evidencia de pensamientos irracionales y distorsiones cognitivas en los ludópatas. Estas técnicas se basan en la hipótesis de que los patrones de pensamiento tienen efectos adversos sobre las emociones y la conducta y que, su reestructuración, por medio de intervenciones psicoeducativas y práctica continua, puede mejorar el estado de la víctima.
b3) Terapia de grupo: De la misma forma que pueden ser útiles los grupos de alcohólicos o de mujeres maltratadas para intercambiar experiencias y apoyarse mutuamente, una terapia de grupo facilita el desarrollo de técnicas de afrontamiento y constituye una red de apoyo social. El afectado comprueba que no es el único en su desgraciada situación e interactúa con otras personas, generalmente a través de un coordinador experto en la materia.
b4) Uso de fármacos: Se están empleando determinados medicamentos que contienen componentes que mejoran la neurotransmisión. Personalmente tengo mis serias dudas con este tratamiento. Sin ser Licenciado en Medicina, me atrevo a conjeturar que los medicamentos no deben suministrarse salvo que no exista ya otro remedio. La poderosa industria farmacológica introduce la creencia de que todos los problemas del mundo se solucionan con la ingesta de fármacos, y de paso llenan sus de por sí boyantes arcas. Estos productos está comprobado que pueden generar adicción, y no me parece de recibo sanar una adicción a base de generar otra.

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