Desayunando en el bar hace algunos días, un individuo en evidente estado de embriaguez posicionado a mi lado en la barra, comenzó a relatarme tanto su vida personal como otras historias que no me interesaban lo más mínimo. He disfrutado de desayunos más agradables que aquél, evidentemente. Me pregunté por el tiempo que tardaría ese personaje en caer en la cuenta de que no le estaba ni mirando y que sus relatos no atraían mi atención. Bien, pues ese tiempo se trata de una variable aleatoria. Acabo por tanto de exponer uno de los numerosos ejemplos que tendrían cabida bajo este epígrafe.
El mundo, bajo una perspectiva entrópica, es en sí mismo una variable aleatoria, y a nivel minimalista está compuesto por miles de millones de fenómenos absolutamente impredecibles o que al menos no son en su totalidad vaticinables.
Cada día de nuestra vida nos formulamos múltiples preguntas que en la mayoría de las ocasiones carecen de una respuesta que a priori pudiera ser fiable. ¿Qué caja será más rápida? ¿Qué itinerario soportará menos tráfico? ¿Me atenderán correctamente en este restaurante?
En los tres ejemplos enumerados puede una persona aventurarse a elaborar una predicción en función de diversos factores, pero el suceso siempre se quedará en mayor o menor medida en manos del azar. Se intuirá que será más rápida la caja en la que menos gente permanezca guardando la cola, o menos productos en sus carros. Pero será imposible de predecir la torpeza de quien atiende esa caja, la lentitud del cliente al embolsar sus productos o que el lector detecte todos los códigos de barras correctamente. Respecto al tráfico, probablemente un buen indicador sea la memoria de días anteriores en el mismo lugar y hora, pero será imposible de prever un monumental atasco debido a un accidente u obras. Y así sucesivamente.
El mundo de las apuestas está evidentemente sometido también a variables aleatorias contra las que debe enfrentarse el inversor. Pero desgraciadamente, son demasiado frecuentes en los foros de la temática mensajes de apostadores novatos –o veteranos, pero que no saben o no quieren evolucionar- que alertan sobre apuestas seguras. Grave error. Y doblemente grave, puesto que quienes publican tales aberraciones, en ocasiones bajo la complicidad implícita del webmaster, no solo atentan contra su economía propia, sino que hacen lo propio contra la de incautos que atraídos por ese presunto dinero fácil invertirán una fuerte suma en ese presunto suceso infalible.
Cada pronóstico supone una batalla cuerpo a cuerpo del jugador contra variables aleatorias. Sus armas son la frialdad, la gestión del dinero y los análisis previos al evento, cuanto más completos mejor, y no deben dejarse de tener en cuenta estadísticas, estados de forma, meteorología, lesiones, sanciones y toda circunstancia que rodee al suceso a predecir. Las armas con las que cuenta la casa de apuestas son el oddsmaker, los márgenes y determinadas cláusulas leoninas en las normas.
El inversor que mejor maneje sus armas, mayores posibilidades tendrá de resultar victorioso en la batalla, aun a sabiendas de que puede resultar derrotado. Por el contrario, quien tenga en la cabeza el erróneo concepto de apuesta segura o crea ser conocedor de todos los deportes, acabará irremediablemente sumido en el círculo vicioso de las pérdidas, a no ser que comience a asimilar el concepto de fenómeno aleatorio. Como reza el refrán, más vale tarde que nunca.

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