El popular refresco efervescente, que en sus inicios fue creado con propósitos medicinales, inventado por el farmacéutico John Pemberton , data del ya lejano siglo XIX, y está considerado como una de las marcas más exitosas de todos los tiempos. La bebida contiene cafeína entre muchas otras sustancias. Se trata pues de un brebaje adictivo. Al igual que el juego.
Por tanto, podemos establecer una correlación entre los bebedores de coca-cola y los apostadores. En función del envase empleado, considero que existen cinco tipos de consumidores del popular refresco.
1- Coca-cola de barril. Quienes consumen el refresco en este formato, realmente ni siquiera conocen el contenido de lo que les han servido. Se les dispensa el caldo en un vaso de cristal si se encuentran en un restaurante –Vips o Fosters Hollywood por ejemplo-, o de plástico si se trata de un cine. De cualquiera de las maneras, la coca-cola de barril proviene de disolver unos polvos o una pasta en agua, a lo que hay que agregar el hecho de que suele ser servida junto con una ingente cantidad de hielo, de forma que lo que realmente se ingiere es “agua coloreada de negro”. El precio a abonar por semejante sucedáneo es excesivo, y en los cines el despilfarro se agrava más aún por el alto coste que también suponen las palomitas y la entrada en sí misma. En resumen, que a los consumidores de esta tipología, que pagan un alto precio por una pésima calidad, los asocio con los malos apostantes, los que no se detienen a estudiar la calidad ni el valor de las apuestas, sino que se dejan llevar por los impulsos y apuestan en bookies de altas comisiones sin comparar las cuotas con las de otros.
2- Coca-cola de botellín. Mejora de gran manera el sabor respecto a la anterior, ya que en esta configuración el refresco es auténtico, no es un sucedáneo disuelto en agua. Además, el simple hecho de estar resguardado en un recipiente de cristal no le hace perder sus propiedades. Se optimiza por tanto la calidad pero no el precio, ya que por 20 centilitros se abona prácticamente el mismo importe que por una lata de 33. A los consumidores de botellines los asemejo con los apostantes que, sin haber conseguido aún entrar en el elenco de los ganadores, han depurado gran parte de sus conductas erróneas y se encuentran en el medio camino entre un perdedor y un profesional.
3- Coca-cola de lata. Formato más económico que el anterior, si bien los puristas indican que el sabor no está tan logrado. En cualquier caso, se optimiza de gran manera la relación calidad-precio, por lo que los bebedores de latas me recuerdan a los ganadores en potencia, los que estudian minuciosamente sus apuestas antes de arriesgar su capital.
4- Cubatas. Consiste en mezclar coca-cola de botellín con alguna bebida alcohólica, generalmente whisky o ron. Abonan importes desmesurados por un fluido que en la mayoría de las ocasiones no es auténtico, sino de garrafón. Pésima mezcla y nula optimización de costes. Evoca a los jugadores que mezclan apuestas deportivas con casinos virtuales, póker, tragaperras y todo lo que se les cruce. Si los que mezclan bebidas acaban en una acera vomitando, los que mezclan juegos prefiero no imaginarlo.
5- Coca-cola de botella de dos litros. Se trata del formato más económico de todos, y del único en el que el consumidor no gasta la totalidad del contenido durante el mismo día, sino que almacena parte para días sucesivos. Con el tiempo pierde sabor y efervescencia. Al cabo de los días, el líquido si no se ha cubierto bien o se ha agitado, se convierte en un auténtico jarabe, como si quisiera servir para el propósito para el que fue inicialmente concebido. Se trata en cualquier caso de una inversión a largo plazo, por lo que a los bebedores de coca-cola de botella los asemejo con los traders, los que efectúan operaciones a largo plazo, inversiones que, al igual que el mencionado brebaje, pueden perder calidad con el tiempo. O tal vez la ganen, como el buen vino…

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