Recuerdo en la niñez que una tía abuela mía acostumbraba a obsequiarme con un billete verde de mil pesetas cada vez que acudía a visitarla. Tal cantidad era astronómica para mis bolsillos en aquel entonces y máxime teniendo en cuenta la nula capacidad de cualquier párvulo para generar ingresos salvo que su nombre sea Joselito o María Isabel, y conseguía alegrarme el día o incluso la semana completa, pues era incontable el número de helados y golosinas que podía costear con ese trozo de papel verde que procedía a custodiar como si de un tesoro se trataba. Diez o doce años más tarde, ya bien entrado en la adolescencia, esta misma persona continuaba gratificándome las visitas con un billete de mil pesetas, y en alguna ocasión estuve tentado de preguntarle si prefería que lo utilizara como separador de páginas o para equilibrar alguna mesa que estuviera coja. Era evidente que esta buena mujer, que ya pasó a mejor vida, tenía algo difuso el concepto de inflación. No es nada infrecuente que a las personas de determinadas edades se les deteriore esa noción de la pérdida del valor de la moneda, observándose a diario en las propinas de cinco céntimos que depositan en los platos de las cafeterías, o en las limosnas de idéntica cantidad que donan al vagabundo de turno.
La inflación es el aumento generalizado de los precios de los bienes y servicios. Su cálculo es bastante sencillo, tan solo se trata de comparar el índice de precios del año en curso con el del año inmediatamente anterior, y multiplicarlo por cien, con el fin de expresarlo en tantos porcentuales.
Se trata de un fenómeno que sucede en cualquier economía del mundo, y cuya magnitud oscila según la coyuntura dentro de niveles moderados, siempre que el país en cuestión no se trate de una dictadura bananera cuyo máximo dirigente maneje a su antojo las máquinas de fabricar billetes.
En España viene dándose inflación negativa durante los últimos meses, valor que admite numerosas interpretaciones, pero en lo que sí existe acuerdo es en que se debe a la crisis económica actual y al excesivo incremento de determinados precios durante los años inmediatamente anteriores. No obstante, pese a que teóricamente exista una disminución del coste de la cesta de la compra, en la práctica no he percibido tal rebaja a la hora de adquirir cualquier producto de uso común. Afortunadamente tampoco he apreciado subidas significativas, a pesar de que estas fechas, los comienzos de año, suelen ser los más adecuados para tal efecto. Continúo de momento abonando un euro y veinte céntimos por un café y dos euros si lo acompaño de tostada o bollería. Los periódicos de información general mantienen sus precios, así como alguna que otra revista.
A efectos de las apuestas, cada cuál podrá aplicar o no a su buen criterio el concepto de inflación. Yo personalmente, al margen de los pequeños cambios introducidos en mi contabilidad particular ya tratados en uno de los últimos artículos, he optado por un pequeño aumento en cada una de las inversiones, por supuesto dentro de niveles moderados y sostenibles, pudiendo perfectamente asumir una posible mala racha de resultados.
3 comentarios:
Una cosa no entiendo: ¿no ajustas tus stakes segun suba o baje el bankroll?
Has dado a entender que lo has subido ahora por el mero hecho de que hemos cambiado de año.
Un saludo y suerte.
eso demuestra la idea q tiene el chaval de apuestas, no sabe ni q cantidades meter xDDDDDDDDDDD
Lo suyo es apostar una cantidad que vaya en función del bank que tengas en ese momento, y por supuesto de la confianza que tengas en la apuesta, el famoso stake. Lo que ocurre es que el bankroll cambia prácticamente a diario, e incluso varias veces al día, eso ya depende del número de apuestas que se haga.
La fórmula más conocida es la del Sistema de Kelly, que a nada que googlees un poco la encuentras. Ya trataré el tema de la gestión del dinero cuando llegue el momento.
Yo por simplificar no voy ajustando el stake a cada minuto, pero lo hago cada cierto tiempo, y he aprovechado ahora que hemos estrenado año y he estrenado hoja excel.
Saludos.
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