pasando las Navidades en España discutí con un amigo sobre el poker online. El tipo se empeñaba en que algunos interfaces de póquer online manipulaban y alteraban directamente los resultados de las manos. Básicamente se trataba de que hubiese la mayor cantidad de bad beats posibles, de que manos como AA, KK fuesen una y otra vez barridas por los proyectos de jugada y en definitiva que hubiese el mayor movimiento posible de dinero. Metía en el mismo saco a varias casas, que no nombraré por no levantar falso testimonio, pero casi diría que a todas menos a PokerStars.
¿Por qué fiarse de los repartidores de cartas autómatas basados en números booleanos? ¿Por qué fiarse más que de un dealer en el póquer presencial? Muchos de los cuales son jugadores o hasta ilusionistas, capaz de hacer aparecer jugadas con gran habilidad. Digo capaces, no de que no lo hagan. Todo es indemostrable. Tendremos que confiar.
Muchos jugadores confían.
Las carreras de caballos virtuales tienen cierto éxito (entre tanto no haya carreras reales). Para el que no lo sepa, estas carreras están generadas por ordenador. Son simulaciones de la visión por televisión de una carrera convencional, donde los caballos se pueden caer o ser desmontados, sufrir pájaras o realizar un sprint final que les otorgue la victoria. Y la gente confía y apuesta.
El año pasado, durante el festival de Chesterham (una especie de campeonato del mundo de las carreras de caballos) se suspendió una jornada entera a causa de las lluvias. En Paddy Power quisieron ofrecer un tipo de carrera alternativa, de burros, entre 3 jefazos de la compañía montados por unos chicos más ligeros. Cuando parecía que el CEO de la empresa iba a ganar, tropezó en la última valla y cayó. Y la gente apostó por la juventud y gano.
Hace no mucho Bwin ofrecía apuestas de partidos a la Play Station entre 2 usuarios cualesquiera, con stream y todo. No jugaban Moyá y Nadal, precisamente, en cuyo caso iríamos con Moyá. No jugaba Benzemá, en cuyo caso cogería al Madrid y se pondría de titular, sin menoscabo del banquillo que chupase Raúl. Jugaban 2 alemanes, al parecer grandes expertos de la Play Station. Si en vez de Alemania se hubiese jugado en España, con la galopante crísis actual, se hubiese jugado al futbolín en lugar de a la Play. Así hasta el AKA"asesor deportivo" (la asesoría ya ha petado, ahora su negocio es ejercer de ¿prestamista?) podría haber vendido un puto futbolín (con perdón).

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