28 de diciembre de 2009

Catacrack!!!!!!!!!!!!!!!

Nunca imaginé que iba a tener que escribir este tipo de artículo, pero necesito desahogarme y así por lo menos a lo mejor sirve para que a otras personas no les pase lo mismo.
Ayer a última hora un amigo, experto en la NBA, que se supone que era fiable me dio lo que según él era el soplo del año, una cuota baja pero infalible según él (Celtics-L.A. Clippers) y le vi tan seguro que pasé de stakes, reglas de gestión de dinero y de todo. Coño, cómo será que me acosté supertranquilo pensando que estaba todo hecho y acabo de ver que me he quedado casi sin nada.
Joder, no tengo palabras, no tengo ganas de nada, lo único que me apetece es no hacer una puta apuesta más en mi vida, estoy gilipollas, no tendría que haber nacido, ¡JODER!
Ahora cuando cobre a primeros de mes veré qué hago con ese dinero, pero coño, no quiero saber nada de esto ahora mismo, estoy hecho una putísima mierda. Odio las apuestas.


Edito: Bueno, como la mayoría de vosotros imaginabais, la entrada de hoy se ha tratado de una inocentada. En cualquier caso, gracias por vuestros mensajes de apoyo, y pido disculpas a quienes les he borrado comentarios, no ha sido por censurar sino por mantener viva la broma.

Por último, a continuación pongo unas capturas de pantalla que me abstengo de comentar porque hablan por sí solas, especialmente la primera y la última.

Captura número 1

Captura número 2

Captura número 3 (en este tercer pantallazo vemos cómo han desaparecido los comentarios anteriores de las 09:23 horas)

Captura número 4 (y en éste se demuestra que efectivamente, tenemos a un mentiroso, que administra foros y escribe artículos como yo, solo que en una revista)

25 de diciembre de 2009

Prórrogas en baloncesto

Una prórroga es significado de emoción, de una pugna hasta la extenuación entre dos conjuntos que han terminado el tiempo reglamentario empatados a puntos. En estos períodos adicionales que deciden el ganador del partido influye en considerable medida el factor físico y la profundidad de las plantillas, puesto que las rotaciones asumen un papel fundamental.

Los encuentros de baloncesto más extensos que recuerdo necesitaron cuatro prórrogas para dilucidar su ganador final, y tuvieron lugar en la NBA en una ocasión y la Liga ACB en otra. En esta última competición, a mi juicio uno de los partidos más emocionantes de todos los tiempos que se han quedado grabados en mi memoria fue un Estudiantes-Real Madrid en la década de los ochenta en el que tuvieron lugar tres prórrogas, y cuyo resultado final fue de 121-115 para la escuadra del Ramiro de Maeztu. A la evidente tensión se añadió el hecho de tratarse de un derby entre dos conjuntos vecinos y rivales. Ocurrió además durante una de las épocas doradas del conjunto colegial, en la que la pareja americana Pinone - Rusell hacía estragos y en la que jóvenes como García Coll o Antúnez apuntaban maneras. El Real Madrid, que también contaba con una plantilla muy competitiva, concluyó el partido con varios jugadores juniors en pista, ya que la eliminación por acumulación de faltas personales impidió la presencia de varios de sus estandartes durante los minutos más decisivos.

En la época en que tuvo lugar aquel encuentro no existía la red de redes, y por tanto el concepto de bookie online era aún inexistente. Si para aquel encuentro cualquier erudito del baloncesto pronostica que el total de puntos acabará por debajo de determinada cantidad, con el supuesto argumento de la solidez defensiva de ambos conjuntos, habría acabado perdiendo irremediablemente el montante invertido, especialmente si la norma concreta que su casa de apuestas tuviera establecida para el baloncesto fuera que las eventuales prórrogas son tenidas en cuenta.

Este tipo de problemática es el que quiero tratar hoy, sobre la posición desventajosa en la que se encuentra el apostante en el caso de que en este deporte invierta a que un partido terminará por debajo de un total determinado de puntos. Evidentemente si la previsión es al contrario, con el over el jugador sale favorecido en caso de que al final del tiempo reglamentario ambos contendientes finalicen con la misma cantidad de puntos anotados.

En la inmensa mayoría de bookies, el jugador debe contar con la posibilidad de una eventual prórroga que casi con toda seguridad provocará que su under se convierta en una inversión sin retorno, y este riesgo se maximiza cuando la contienda es entre dos equipos igualados.

Existe un pequeño reducto de casas de apuestas en cuyas normas se especifica que será tenido en cuenta el resultado al final de los 40 minutos, o 48 si se trata de un partido de la NBA. Desgraciadamente las casas encuadradas dentro de este grupo, aparte de no ser muy numerosas, acostumbran a no mirar con buenos ojos las cuentas ganadoras. Entrarían en la segunda de las categorías que establecí en su momento.

Capítulo aparte merece el hecho de que una casa de apuestas mantenga o no estables sus propias normas con el tiempo. Les ilustro sobre un ejemplo real que le ocurrió a un conocido mío: Bet365 hace unos años decidió modificar esta norma sin previo aviso a sus clientes. Ante la reclamación de uno de ellos, la fría respuesta por parte del Servicio de Atención al Cliente fue: “Es responsabilidad de cada usuario la comprobación de las reglas, Bet365 no tiene el deber de avisar”. De modo que pretenden que cada inversor repase todo el clausulado cada vez que efectúe una inversión. Sin comentarios.

Por otra parte, existe otra situación desventajosa para el apostante. Se trata de apostar a ganador de un encuentro del deporte de la canasta en una casa que ofrece el empate como opción, a cuotas evidentemente elevadas. Recuerdo una combinada de tres partidos en Miapuesta que habría salido ganadora de no ser porque una de las victorias se dio gracias al tiempo añadido. Apuesta perdida por lo tanto, y lección más que aprendida, no he vuelto a invertir dinero a ganador de un encuentro de baloncesto en el que apareciera el empate como posible resultado.

El artículo quedaría bien completo si ofreciera un detallado listado de casas de apuestas que tienen uno u otro tipo de norma. Mas no pretendan que les saque yo todo el trabajo adelante, hagan ustedes un pequeño esfuerzo e investiguen. Es posible que en algún portal virtual de la temática ya esté trabajada esta clasificación.

De la exposición se extraen dos recomendaciones bastante evidentes: En las apuestas under se debe indagar un bookie en el que no se incluyan las prórrogas, siempre en medida que los límites y la disponibilidad permitan. En las apuestas over y a ganador del partido, la búsqueda debe estar orientada justamente a lo contrario.

22 de diciembre de 2009

Protección de datos

Todo cuanto rodea a la protección y el tratamiento de datos de personas en España queda regulado en la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de Diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal, texto legal que apareció en escena con el fin de dar respuesta a la demanda de una regulación que protegiera al ciudadano del uso indiscriminado y fraudulento de sus datos personales e íntimos por parte de determinadas entidades.

Anteriormente ya había sido creada la Agencia Española de Protección de Datos, como ente público de control que vela por el cumplimiento de la legislación anteriormente descrita. Abarca casi sin excepción ni descentralización alguna todas las funciones al respecto, ya que atiende peticiones de usuarios, recaba información, requiere medidas de corrección por parte de las Administraciones Públicas, promueve campañas de difusión y ejerce la potestad sancionadora, adquiriendo esta última competencia un papel fundamental, hasta el punto de que según me comentó hace algún tiempo un experto en la materia, este organismo se autofinancia, lo cuál implica que con el importe de las sanciones cubre los costes que supone asumir todos los gastos inherentes a sus funciones.

Pese a que la citada Ley y el conjunto de medidas que se tomaron paralelamente contribuyeron a paliar determinados abusos, en la actualidad siguen observándose a diario quebrantos de la protección de la intimidad de las personas. Telefónica comercia con los datos de sus usuarios, abonando a lo sumo sanciones que se antojan irrisorias en comparación a su volumen de negocio. Campan igualmente a sus anchas encuestadores que emplean la información recabada para fines comerciales. De las molestas llamadas telefónicas para ofrecernos servicios, principalmente bancarios y de internet que no hemos solicitado, mejor no comentar.

Y como no podía ser de otra manera, el mundo del juego no queda al margen de todas estas fechorías. Recientemente he recibido en una de mis cuentas un correo sobre la apertura de una nueva web de apuestas y concursos en lengua castellana. Me consta que numerosas personalidades del mundo hispano de las apuestas deportivas también lo han recibido. Investigando en el whois de la web en cuestión, he averiguado que detrás del nuevo proyecto se encuentra un conocido jugador de poker profesional que antes lo fue de baloncesto. Lo que desconozco es la forma que ha tenido de proveerse del archivo de datos que contiene los correos electrónicos de inversores hispanoparlantes en apuestas deportivas.

No es el primer suceso de tal índole del que tengo conocimiento. Los más veteranos aún recordamos diversos emails misteriosos que quedaron depositados en nuestras bandejas de entrada hace algunos años, sobre dominios como Ladbrucs o Apuesta365 que contenían páginas con banners de afiliados como único contenido. Investigando igualmente en el whois se desprendió que detrás de tal indecencia se hallaba un establecimiento de venta de discos ubicado en Santander, que según parece estaba buscando su particular forma de salir de la crisis que le estaban provocando las descargas ilegales y los top-mantas. Recuerdo que en aquel entonces se denunció la situación en un conocido foro de la temática, y se apuntaba al administrador de Iapuestas como posible sospechoso, el cuál negó los hechos y salió bien parado de las indagaciones, ya no solo por la presunción de inocencia sino porque un conocido usuario de un tercer foro indicó que en Iapuestas no disponían de la dirección de correo a través de la cuál había recibido el spam.

Debido al vacío legal en que se mueve el mundo del juego y a la globalización, determinadas entidades ubicadas por lo general en paraísos fiscales tienen de facto libertad absoluta para vulnerar cualquier precepto sobre protección de datos. Me consta que entre determinadas casas de apuestas intercambian datos de clientes no rentables o sencillamente indeseados. Me consta igualmente que no es tarea difícil obtener por módicos precios listados de direcciones de correo de personas que se hallan inmersas en el mundo del juego. Y por último, también tengo constancia de una persona extranjera a la que desvalijaron su cuenta de Moneybookers por haber cometido el fatal error de emplear la misma contraseña en todas las páginas web. Se desconoce a ciencia cierta qué empresas vulneran la protección de datos de las personas y se lucran con el tráfico de estos archivos, mas es un hecho real la recepción por mi parte prácticamente a diario de algún email no deseado sobre ofertas en casinos, mesas de poker y bookies, e incluso ocasionalmente recibo en mi domicilio algún envío postal procedente del extranjero cuyo remitente es una entidad del sector que desconozco y que por tanto teóricamente no debería conocer mi lugar de residencia, ni tan siquiera de mi existencia.

El escritor de este humilde blog les recomienda adoptar cuantas precauciones estén en sus manos con el fin de no facilitar sus datos personales bajo ningún concepto, salvo cuando sea estrictamente necesario. Se ahorrarán disgustos y molestias.

18 de diciembre de 2009

Cestas de Navidad

El concepto del que va a tratar el artículo de hoy consiste en un obsequio que generalmente una entidad realiza a una persona por diversos motivos. Lo más habitual es que este regalo forme parte de una gratificación de una empresa a sus asalariados, o bien a sus más fieles clientes.

Aunque ha permanecido inalterable en el tiempo el concepto de cesta, es notorio que el envase más empleado en la mayoría de estos presentes se trata de una caja de cartón debidamente precintada, por motivos de comodidad fundamentalmente. No obstante en las superficies comerciales siguen exponiéndose cestas propiamente dichas, puestas a la venta a determinado precio que oscila en función de la calidad de los artículos que las componen.

Principalmente es la calidad del jamón, o en su defecto del chorizo, lomo o salchichón y de las botellas lo que determina la categoría y por consiguiente el precio del conglomerado de productos. Es evidente que una paletilla de jamón ibérico y una deliciosa botella de Chivas son mejor agradecidos por el paladar que un jamón serrano acompañado con whisky Dyc.

Aparte de los artículos estrella y de las habituales tabletas de turrón y cajas de polvorones, el contenido de estos lotes suele completarse con género totalmente prescincible, como bolsas de peladillas o latas de piña en almíbar.

El reparto de cestas entre la población no es uniforme, existiendo un desequilibrio entre quienes no reciben ninguna y quienes pueden llegar a obtener tres o más, consiguiendo en este último caso que alguna de las cajas de polvorones permanezca plastificada e intacta hasta como mínimo el mes de junio del año siguiente. La explicación de este extraño fenómeno es realmente sencilla, se explica con dos ejemplos contrapuestos.

Un empleado de una empresa cuyo mandamás decide no gratificar a quienes tiene a su cargo, o bien un trabajador por cuenta propia que no se encuentre entre el listado de clientes VIP de ninguna entidad, es evidente que no recibirá ningún lote de alimentos, salvo que se presente con cara de lástima en las dependencias de Cáritas.

Mientras que un trabajador por cuenta ajena que preste sus servicios en unas dependencias cuyo empresario decida de manera rumbosa obsequiar a sus empleados, si además obtiene otro tipo de gratificaciones por parte de entidades de las que es un cliente rentable, acumulará dos o más cestas de Navidad. Si además dilapida su fortuna en Ladbrokes, Bet365, Bwin, Miapuesta o cualquiera de las conocidas casas de apuestas, sus posibilidades de reunir en su domicilio un auténtico almacén de mercancías navideñas se elevarán notablemente, pues conocida es la costumbre de gran parte de estas firmas de obsequiar durante estas fechas tan entrañables a sus clientes más rentables con un conjunto de productos navideños, así como de imponer fuertes restricciones en cualquier momento a los usuarios que no resulten gratos para sus cuentas de resultados.

A quienes reciban los obsequios anteriormente descritos por cortesía de las casas de apuestas, desde este humilde blog se les recomienda que reflexionen sobre la causa que ha originado tales iniciativas dadivosas y que traten de no continuar siendo beneficiarios para los finales de año sucesivos. Igualmente se les recuerda que, si se produjera una situación tal que la diversidad de lotes de artículos recibida alcance el punto de generar un excedente que no va a ser consumido, existen ciudadanos necesitados con problemas socioeconómicos e instituciones que a través de bancos de alimentos e iniciativas similares canalizan productos de alimentación y consumo en favor de tales personas.

15 de diciembre de 2009

Los bonos, ese regalo envenenado - II

Continúo tratando la temática de los bonos, haciendo mención a una subespecie dentro del género de los apostantes: el bonus hunter, cuya característica principal es que se especializa en rastrear la red en busca de ofertas, ya sean permanentes o para un evento concreto. Bajo mi modo de entender existen dos tipos de cazadores de bonos: el sensato o razonable y el insensato o incauto.

El sensato. Se trata de un inversor que generalmente no acumula demasiada experiencia pero que tiene claras las ideas y los conceptos de autocontrol y gestión. Utiliza estas promociones para incrementar su todavía escaso bankroll. Cumplidas las condiciones para retirar el importe correspondiente al bono, permanecen como clientes de la casa de apuestas si ésta satisface sus necesidades, o abandonan el barco para siempre en el caso contrario. Realizan en algunos casos lo que podríamos llamar la ruta del bono, consistente en efectuar visitas turísticas por todos los bookies conocidos fiables que dispongan de tentadoras ofertas y escapar con el botín en caso de conseguirlo. Incluso existe quien, con el fin de asegurar ganancias, apuesta la totalidad del bono a un suceso, y en cualquier otra casa, generalmente Betfair, invierte en el suceso contrario.

Este tipo de jugador, si emprende el camino correcto y consigue engordar progresivamente su bankroll, paulatinamente se desprenderá de su etiqueta de bonus hunter, conforme el importe de las ofertas vaya siendo en cada ocasión menos significativo respecto al tamaño de su riqueza económica.

El insensato. Se trata de un jugador empedernido que se encuentra peligrosamente sumido en la espiral “he perdido – necesito recuperar – pierdo más…”. Busca en el bono su posible tabla de salvación para minorar pérdidas. Participa en concursos de diversas páginas web sobre la temática, incluso facilitando su número de DNI y datos personales si fuera necesario. Suele errar en sus propósitos puesto que, aparte de no gestionar correctamente sus inversiones y dejarse llevar por impulsos, actúa de forma muy inocente e incauta cometiendo otros no menos graves disparates tales como abrir un sinfín de cuentas en la misma casa o ser atraído por ofertas de cualquier bookie, por desconocido que sea, sin tan siquiera comprobar su fiabilidad o su historial de impagos y fechorías diversas a clientes.

Para culminar mi exposición, cito a modo de ejemplo varias de las promociones actualmente ofrecidas por algunas de las más conocidas casas de apuestas. Por el engorro que me suponía consultar todas ellas, me he basado en el listado de iapuestas.com, dando por sentado que es correcto y está actualizado.

- Bwin: Entre 10 y 50 euros, a condición de apostar el depósito y cinco veces el bono.
- Expekt: Entre 10 y 50 euros, a condición de apostar tres veces el depósito más el bono a cuotas mínimas de 1,50.
- Ladbrokes: Hasta 20 euros, a condición de realizar al menos una apuesta al menos a cuota 2,00.
- Betfair: Hasta 20 euros, a condición de apostar al menos en una ocasión el indicado montante.
- 188bet: 30% del depósito hasta 111 euros, a condición de apostar la friolera de diez veces el importe ingresado.
- Y la enumeración podría ser cuan extensa ustedes desearan, mas estas cinco proposiciones, a modo de muestra se me antojan más que suficientes.

Me abstengo en la presente ocasión de formular la habitual recomendación final, toda vez que las sugerencias sobre bonos y ofertas análogas ya han sido indicadas en el anterior artículo.

12 de diciembre de 2009

Los bonos, ese regalo envenenado - I

Eran otros tiempos, tan lejanos que tan solo se disponía en internet de un foro en castellano sobre la temática que se abarca, de color verde para más señas, y en aquel momento quien escribe estas líneas desconocía de su existencia. Tras algunas semanas experimentando todo tipo de atrocidades en Betandwin, actual Bwin, la segunda casa de apuestas en la que me registré fue Miapuesta.com, versión española del grupo Sportingbet, siendo una de las principales causas de mi decisión un suculento bono que ofrecían de varios euros a condición de ingresar otra cantidad idéntica, de forma que el montante transferido quedaba automáticamente duplicado. En aquel entonces, frotándome las manos por el gran negocio que presuntamente acababa de gestionar, me pregunté por la extraña costumbre de regalar dinero por parte de esa empresa ubicada en algún ignoto lugar del mundo. Para rematar la faena y colocarle la guinda al pastel mis ojos se llenaron de felicidad cuando navegando por los menús y submenús del bookie recién descubierto detecté que en un deporte del que soy buen conocedor ofrecían una tentadora cuota de esas que son “seguras, imposibles de fallar”. Pasando por encima de cualquier teoría de gestión del bankroll, arriesgué todo el saldo en aquel suceso y, calculadora en mano, o tal vez plantilla de Excel, estimé por cuánto iba a multiplicar finalmente la suma inicial y medité sobre las futuras inversiones a realizar con la golosa cantidad resultante. Ya tan sólo quedaba aguardar para conocer el resultado de aquella versión moderna del cuento de la lechera. El resultado de la inversión en aquella apuesta tan segura pueden ustedes imaginárselo, así como la cara que debió quedárseme.

Como de todos los errores intento extraer su parte positiva, en el caso descrito la conclusión que adopté fue no volver a repetir tal aberración, prometiéndome gestionar con más raciocinio la sucesivas recargas de saldo y hacer un uso más lógico del siguiente bono u obsequio. Realmente la barbaridad que cometí no fue tan grave si nos atenemos a la estadística, ya que una persona bien introducida en el gremio me ha confirmado lo que es un secreto a voces: la mayoría de los bonos no son rentabilizados por los usuarios, convirtiéndose por tanto en un sutil reclamo y una útil herramienta para atraer clientes, los cuáles pese a contar con la ventaja que supone el dinero extra que la promoción aporta, en un plazo razonable terminan por desperdiciar tanto la parte ingresada por su cuenta y riesgo como la agregada por el bookie, no tanto a causa del porcentaje de acierto como por la pésima gestión del bankroll y el descontrol psíquico y emocional.

En ocasiones para el jugador impulsivo existe el agravante de las condiciones adicionales que impone la casa de apuestas para poder retirar el efectivo correspondiente al bono. Generalmente exigen apostar al menos tres veces la parte que corresponde al obsequio. Se trata del llamado rollover. Y además, acostumbran a imponer cuotas mínimas, por ejemplo de 1,50, para evitar inversores avispados que empleen sucesos valorados a 1,01 y cumplan de esta manera con el requisito con suma facilidad.

De la categoría de apostante mencionada en el anterior párrafo, puedo afirmar que existe un subtipo, que es quien intenta en sucesivas ocasiones aprovechar el mismo bono, ya sea empleando datos de sus familiares sin el consentimiento de éstos, o más grave aún, identidades inventadas, todo ello sin variar la IP del ordenador, por lo general. En determinado foro percibí que un usuario aseguraba haber abierto hasta un total de veinte cuentas en el mismo bookie en el que cometí la necedad arriba descrita y que como es lógico estaba teniendo problemas para un cobro solicitado. Obviamente, ninguna casa de apuestas va a proceder a realizar un pago a una persona que no existe, si bien no manifiestan ningún reparo a la hora de recibir ingresos de cualquier procedencia, especialmente si se trata de un jugador con escasa densidad neuronal.

Mención especial merece una de las gratificaciones ocasionalmente ofrecidas por muy concretas casas de apuestas: el bono sin ingreso. Se trata de importes que lo habitual es que no superen los cinco euros, y cuyos requerimientos para efectuar posteriores retiradas suelen ser bastante rigurosos, incluso exigiendo en ocasiones algún ingreso anterior al primero de los cobros. Pese a tener una apariencia totalmente diferente a la promoción anteriormente descrita, en la práctica el resultado es el mismo según el género de apostante de que se trate.

Desde esta modesta bitácora se recuerda que nadie vende duros a cuatro pesetas, y se recomienda una gestión eficiente y responsable, ya no solo de las cuantías conseguidas a través de los bonos, sino del resto del montante de capital que compone los saldos de las cuentas.

9 de diciembre de 2009

Lotería de Navidad

En España, de la multitud de sorteos organizados por la Organización Nacional de Loterías y Apuestas del Estado, el que más masa social arrastra es el celebrado el 22 de Diciembre de cada año, popularmente conocido como Sorteo de Navidad, aunque se celebra fuera de su intervalo de fechas.

También es el más atractivo, ya no en cuanto al montante del premio gordo, puesto que es el Euromillón el que ostenta la primera posición al respecto, pero sí en lo que a esperanza matemática se refiere. La Lotería de Navidad reparte el 70% de la recaudación, mientras que en el resto de sorteos esta cifra se rebaja al 55%, quedando la parte no repartida para las arcas del Estado que tendrá que financiar ya no solo el sostenimiento de las instalaciones y el personal de los establecimientos de loterías, sino todos los gastos inherentes a sus competencias y tal vez algún que otro chanchulleo de quienes regentan sus cargos más elevados en la jerarquía.

Evidentemente, por suculento que sea el primer premio, adquirir un décimo de lotería no es precisamente una value bet, su valor esperado se encuentra muy por debajo del umbral que separa una inversión correcta de una errónea.

No obstante, desde este humilde blog se ha detectado una conducta en los apostantes metódicos –aquéllos que evalúan todos los factores posibles antes de efectuar una inversión y mantienen una contabilidad tabulada y detallada de su actividad- respecto al mencionado sorteo. Pese a suponer una apuesta con esperanza negativa, el apostante con cabeza ya sea en mayor o menor medida, participa en la Lotería de Navidad. Se trata pues de la excepción que confirma la regla. La esperanza matemática queda relegada a un segundo plano, adquiriendo mayor importancia cuestiones del tipo “¿y si toca?”, o “¿qué cara se me va a quedar si todos mis compañeros de trabajo se hacen millonarios y yo me quedo aquí comiéndome los mocos?”. Por otra parte se detecta que igualmente es una práctica habitual la adquisición de participaciones, en numerosos casos por compromiso, que pueden proceder de la peña rociera de una compañera de trabajo, de la parroquia del barrio, del sindicato, de alguna asociación vecinal, de algún colegio cuyos alumnos necesitan costear su próximo viaje de fin de curso y de un largo etcétera. En estos casos la esperanza matemática es aún si cabe más negativa, ya que el importe a abonar suele incluir un recargo que cubre mucho más allá del coste de impresión del fajo de participaciones.

Personalmente a mí ayer sin ir más lejos, un conocido me abordó sin oportunidad de escapatoria con su librillo de papeletas, con toda la simpatía que le caracteriza y con algo de rostro. Me ofreció la lotería de su asociación, indicándome además que “sólo te robo un euro”. Admito que me hicieron gracia estas últimas palabras, no tanto a mi bolsillo que se desprendió de un bastante desgastado billete de cinco euros. Calculemos la esperanza matemática de la transacción: Si de cinco euros juego cuatro y de esos cuatro el Estado reparte el 70%, nos encontramos con que realmente el importe destinado al posible premio es de 2,80 euros. El valor de mi apuesta por tanto es de 0,56. Evidentemente a lo largo de mi vida he llevado a cabo negocios mejores que el de ayer.

Si para el apostante con cabeza el sorteo de Navidad supone una ocasión especial por el cambio de hábitos que conlleva, a efectos del jugador impulsivo la fecha de su celebración es como otra cualquiera, supone afrontar al igual que el resto de los días una apuesta con esperanza negativa, sin ningún criterio razonable y quedando el retorno de la inversión a merced de la suerte. En lo que coinciden ambos tipos de apostantes es en lo que se frotan las manos durante los instantes anteriores a que comiencen a girar los bombos pensando en el supuesto de que el número que llevan impreso en su décimo o participación se corresponda con el del primer premio, y en las expresiones pronunciadas al finalizar la extracción de bolas, todas ellas del tipo “otro año será” o “lo que importa es que la salud acompaña”.

Apreciados lectores, culminada la perorata del día, ¡tan sólo me queda añadir que les deseo toda la suerte del mundo!

4 de diciembre de 2009

Apuestas extrañas

Desde tiempos ya relativamente lejanos, las casas de apuestas pugnan por diferenciarse de sus semejantes y atraer clientela nueva, manteniendo a la ya existente. Entre las numerosas estrategias conocidas, una de las más significativas y curiosas es ofrecer el mayor número posible de eventos con el fin de acolcharse a la demanda. Su puesta en práctica ha conllevado que, especialmente las casas más populares hayan optado por abrir mercados ya no sólo en deportes minoritarios, sino también en aspectos de la vida no relacionados con el deporte. De este tipo de ofertas va a tratar el presente artículo, de apuestas que por su extrañeza han atraído mi atención.

En gran parte de los bookies, el listado de opciones comienza por los deportes más conocidos. Conforme se va descendiendo, aparecen los deportes con menor masa social y al final del todo suele existir un apartado denominado entretenimiento, sociedad o simplemente "varios". En ese cajón de sastre quedan encuadradas estas rarezas, en las que los asuntos más tratados suelen ser el resultado de unas elecciones o el de cualquier popular programa de televisión, sin olvidarnos de la ceremonia de los Oscar.

Si hubiera que preguntarse si merece o no la pena arriesgar nuestro capital en base a este tipo de acontecimientos, la respuesta queda supeditada como siempre a conocer si la cuota a la que estamos invirtiendo multiplicada por la probabilidad del suceso es superior a uno. Y al igual que en cualquier otra inversión, el apostante debe tener la suficiente habilidad como para estimar correctamente la probabilidad y el suficiente autocontrol como para no cometer actos que sean peligrosos o dañinos para su economía personal y su salud emocional.

A mis neuronas han llegado desde auténticas oportunidades de inversión, por ejemplo en alguna edición de los Oscar de Hollywood o en política, hasta apuestas casi imposibles en las que la casa tan solo ofrece la oportunidad de apostar al suceso afirmativo, a cuotas que aparentemente son elevadas, pero que en realidad son auténticas estafas, y que probablemente el dinero depositado en éllas por parte de incautos jugadores pasará directamente en la contabilidad de la empresa a formar parte de la cuenta de beneficios. Ejemplos de este último tipo de extravagancias: hace unos años Bet-at-home ofreció apostar al hecho de si nuestro planeta sería invadido por los marcianos. Tampoco se queda atrás una proposición que lanzó Unibet sobre si Palop marcaría algún gol en lo que restaba de temporada 2006-07, días después de aquel cabezazo que clasificaría al Sevilla para cuartos de final de la Copa UEFA en el difícil campo del Shakhtar Donetsk.

Algunas de las apuestas ya históricas de las que se abrió mercado y aún recuerdo son:

- ¿Declararán los Estados Unidos la guerra a alguno de estos países? Sobre un listado en el que destacaban Irán o Corea del Norte.
- ¿Dimitirá Montilla en los próximos días?, Ministro de Industria en aquel entonces.
- ¿Permitirá fichajes no vascos el Athletic de Bilbao para la siguiente temporada? Fue allá por 2005 y para nuestra desgracia la cuota por el “no” era pírrica.
- El sexo de la entonces inminente descendencia de Felipe y Letizia.

En la actualidad, repasando a fecha de hoy, 4 de Diciembre de 2009, algunas de las casas de apuestas más populares, nos encontramos con que se ofrecen mercados de lo más variopintos, en ocasiones sobre acontecimientos absolutamente desconocidos por mí, y que evidentemente no voy a tomarme la molestia de investigar al respecto. Algunas de tales proposiciones son:

- Bwin: Strictly Come Dancing, Premio Birgit Nilsson.
- Bet365: Miss Mundo, Factor X, Scripps Spelling Bee 2010, So You Think You Can Dance, ¿Jugarán Andreas y Mads Laudrup en la 1ª división de Dinamarca antes de que acabe el 2014?, ¿Nevará en Navidad? Este último tipo de apuesta es ya un clásico de los bookies anglosajones.
- Miapuesta: I'm A Celebrity Get Me Out Of Here 2009, terminación del “gordo” de Navidad. Menudo rostro gastan, ofreciendo cuotas de 9 para cada una de las terminaciones. Aunque bien es verdad que el margen de la ONLAE es mucho mayor.
-Unibet: Deportista polaco del año, audiencia del programa sueco Pa Sparet. Aquí a quien apueste “over” le imagino suplicando a todos sus familiares, amigos y vecinos que enciendan la televisión y sintonicen ese canal.
- Gamebookers: Lotería canadiense, Miss Mundo. Me resulta extraña su escasa oferta en este tipo de mercado. Tradicionalmente se ha caracterizado por todo lo contrario.
- Bet-at-home: Schlag den Raab, Checoslovaquia Superstar.
- Stanjames: Jedward Specials, Turner Price, Katie And Peter To Release A Single Together Before Xmas.

Desde este modestísimo espacio, como no podía ser de otra manera, se recomienda antes de arriesgar parte del bankroll en cualquiera de los excéntricos mercados anteriormente indicados, cerciorarse de que el retorno esperado de la inversión se encuentra por encima de la unidad.

2 de diciembre de 2009

Topicazos

Un tópico por definición está compuesto por una parte cierta y otra que es pura leyenda. Son los tópicos los que etiquetan a los ciudadanos estadounidenses de obesos cuya única fuente de alimentación son las hamburguesas y a los alemanes de cabezacuadradas nazis que hacen lo propio con las salchichas y las cervezas. A los italianos se les asocia con las pizzas y la mafia. Los ingleses según Astérix en Bretaña, posiblemente el mejor cómic de la saga, abandonan a las cinco de la tarde cualquier actividad para tomar el té. Nuestros vecinos del oeste, los portugueses, supuestamente no conocen otras actividades más que fabricar toallas y mantelerías y cantar fados. Y a los españoles se nos considera desde fronteras afuera como unos gitanazos que sólo servimos para bailar flamenco, asesinar toros salvajemente y dormir siestas. Mención aparte merece la expresión “África empieza en los Pirineos” acuñada por nuestros vecinos del norte, que tanto afecto nos tienen y a los que tanto sentimiento de alegría les producen los éxitos de nuestros deportistas.

Adentrándonos ya en la piel de toro existen también tópicos, la mayoría de ellos generados por las rivalidades regionales. De esta manera los catalanes son unos cerraos y unos agarraos, los andaluces unos holgazanes, los madrileños unos chulos y los vascos unos brutos. Todo éllo sin olvidar el carácter leonés-palentino, los chistes de leperos, gallegos o maños que tan de moda estuvieron hasta hace una década y tantas otras leyendas urbanas sobre habitantes de determinadas zonas.

Y los inversores en apuestas deportivas no nos libramos del tópico de turno, puesto que de cara a la sociedad somos unos ludópatas enfermizos que vivimos repletos de deudas y hasta apostaríamos si fuera menester a nuestra santa madre en el próximo partido de fútbol que tenga lugar en cualquier parte del mundo. Lamentablemente en la creencia de la sociedad el componente de veracidad supera con creces al de leyenda, ya que según diversos estudios la inmensa mayoría de los apostantes pierde dinero con las apuestas. En lo que no coinciden los análisis es en el porcentaje exacto de ganadores y perdedores, pero no nos hallamos en medio de una guerra de cifras similar a las producidas en las manifestaciones multitudinarias, en las que la cantidad de asistentes estimada por parte de quien la organiza suele ser veinte veces la calculada por los servicios de policía, sino que en líneas generales nos movemos en una estrecha horquilla de unos pocos puntos porcentuales. Se admite por lo general que entre el 90% y el 95% de los inversores en apuestas deportivas merman su poder adquisitivo, e incluso determinadas estimaciones elevan este porcentaje al 98%. Guarismos que en cualquier caso sólo tratan de la inversión en apuestas deportivas, excluyendo a quienes frecuentan los casinos, ya sean reales o virtuales o las máquinas tragaperras de los bares. Si se indagaran los porcentajes de ganadores y perdedores en estos diabólicos artilugios, la población china quedaría totalmente al margen de cualquier investigación empírica, puesto que el método que emplean para desvalijar las máquinas tragaperras es la Piedra de Rosetta del sector, una duda existencial de la humanidad y más particularmente de los propietarios de los bares.

Desde este humilde blog se exige a la sociedad un respeto al minúsculo reducto de inversores en apuestas deportivas que en base a un minucioso seguimiento de los eventos, una adecuada contabilidad y una correcta contención de las emociones y del autocontrol consiguen rentabilidades con la actividad, llegando en determinados casos a ejercerla como único medio de vida. Se excluye de esta petición a quienes ostentan la propiedad de portales de apuestas deportivas en la red y se lucran con las pérdidas de terceros.