Anteriormente ya había sido creada la Agencia Española de Protección de Datos, como ente público de control que vela por el cumplimiento de la legislación anteriormente descrita. Abarca casi sin excepción ni descentralización alguna todas las funciones al respecto, ya que atiende peticiones de usuarios, recaba información, requiere medidas de corrección por parte de las Administraciones Públicas, promueve campañas de difusión y ejerce la potestad sancionadora, adquiriendo esta última competencia un papel fundamental, hasta el punto de que según me comentó hace algún tiempo un experto en la materia, este organismo se autofinancia, lo cuál implica que con el importe de las sanciones cubre los costes que supone asumir todos los gastos inherentes a sus funciones.
Pese a que la citada Ley y el conjunto de medidas que se tomaron paralelamente contribuyeron a paliar determinados abusos, en la actualidad siguen observándose a diario quebrantos de la protección de la intimidad de las personas. Telefónica comercia con los datos de sus usuarios, abonando a lo sumo sanciones que se antojan irrisorias en comparación a su volumen de negocio. Campan igualmente a sus anchas encuestadores que emplean la información recabada para fines comerciales. De las molestas llamadas telefónicas para ofrecernos servicios, principalmente bancarios y de internet que no hemos solicitado, mejor no comentar.
Y como no podía ser de otra manera, el mundo del juego no queda al margen de todas estas fechorías. Recientemente he recibido en una de mis cuentas un correo sobre la apertura de una nueva web de apuestas y concursos en lengua castellana. Me consta que numerosas personalidades del mundo hispano de las apuestas deportivas también lo han recibido. Investigando en el whois de la web en cuestión, he averiguado que detrás del nuevo proyecto se encuentra un conocido jugador de poker profesional que antes lo fue de baloncesto. Lo que desconozco es la forma que ha tenido de proveerse del archivo de datos que contiene los correos electrónicos de inversores hispanoparlantes en apuestas deportivas.
No es el primer suceso de tal índole del que tengo conocimiento. Los más veteranos aún recordamos diversos emails misteriosos que quedaron depositados en nuestras bandejas de entrada hace algunos años, sobre dominios como Ladbrucs o Apuesta365 que contenían páginas con banners de afiliados como único contenido. Investigando igualmente en el whois se desprendió que detrás de tal indecencia se hallaba un establecimiento de venta de discos ubicado en Santander, que según parece estaba buscando su particular forma de salir de la crisis que le estaban provocando las descargas ilegales y los top-mantas. Recuerdo que en aquel entonces se denunció la situación en un conocido foro de la temática, y se apuntaba al administrador de Iapuestas como posible sospechoso, el cuál negó los hechos y salió bien parado de las indagaciones, ya no solo por la presunción de inocencia sino porque un conocido usuario de un tercer foro indicó que en Iapuestas no disponían de la dirección de correo a través de la cuál había recibido el spam.
Debido al vacío legal en que se mueve el mundo del juego y a la globalización, determinadas entidades ubicadas por lo general en paraísos fiscales tienen de facto libertad absoluta para vulnerar cualquier precepto sobre protección de datos. Me consta que entre determinadas casas de apuestas intercambian datos de clientes no rentables o sencillamente indeseados. Me consta igualmente que no es tarea difícil obtener por módicos precios listados de direcciones de correo de personas que se hallan inmersas en el mundo del juego. Y por último, también tengo constancia de una persona extranjera a la que desvalijaron su cuenta de Moneybookers por haber cometido el fatal error de emplear la misma contraseña en todas las páginas web. Se desconoce a ciencia cierta qué empresas vulneran la protección de datos de las personas y se lucran con el tráfico de estos archivos, mas es un hecho real la recepción por mi parte prácticamente a diario de algún email no deseado sobre ofertas en casinos, mesas de poker y bookies, e incluso ocasionalmente recibo en mi domicilio algún envío postal procedente del extranjero cuyo remitente es una entidad del sector que desconozco y que por tanto teóricamente no debería conocer mi lugar de residencia, ni tan siquiera de mi existencia.
El escritor de este humilde blog les recomienda adoptar cuantas precauciones estén en sus manos con el fin de no facilitar sus datos personales bajo ningún concepto, salvo cuando sea estrictamente necesario. Se ahorrarán disgustos y molestias.
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