Eran otros tiempos, tan lejanos que tan solo se disponía en internet de un foro en castellano sobre la temática que se abarca, de color verde para más señas, y en aquel momento quien escribe estas líneas desconocía de su existencia. Tras algunas semanas experimentando todo tipo de atrocidades en Betandwin, actual Bwin, la segunda casa de apuestas en la que me registré fue Miapuesta.com, versión española del grupo Sportingbet, siendo una de las principales causas de mi decisión un suculento bono que ofrecían de varios euros a condición de ingresar otra cantidad idéntica, de forma que el montante transferido quedaba automáticamente duplicado. En aquel entonces, frotándome las manos por el gran negocio que presuntamente acababa de gestionar, me pregunté por la extraña costumbre de regalar dinero por parte de esa empresa ubicada en algún ignoto lugar del mundo. Para rematar la faena y colocarle la guinda al pastel mis ojos se llenaron de felicidad cuando navegando por los menús y submenús del bookie recién descubierto detecté que en un deporte del que soy buen conocedor ofrecían una tentadora cuota de esas que son “seguras, imposibles de fallar”. Pasando por encima de cualquier teoría de gestión del bankroll, arriesgué todo el saldo en aquel suceso y, calculadora en mano, o tal vez plantilla de Excel, estimé por cuánto iba a multiplicar finalmente la suma inicial y medité sobre las futuras inversiones a realizar con la golosa cantidad resultante. Ya tan sólo quedaba aguardar para conocer el resultado de aquella versión moderna del cuento de la lechera. El resultado de la inversión en aquella apuesta tan segura pueden ustedes imaginárselo, así como la cara que debió quedárseme.Como de todos los errores intento extraer su parte positiva, en el caso descrito la conclusión que adopté fue no volver a repetir tal aberración, prometiéndome gestionar con más raciocinio la sucesivas recargas de saldo y hacer un uso más lógico del siguiente bono u obsequio. Realmente la barbaridad que cometí no fue tan grave si nos atenemos a la estadística, ya que una persona bien introducida en el gremio me ha confirmado lo que es un secreto a voces: la mayoría de los bonos no son rentabilizados por los usuarios, convirtiéndose por tanto en un sutil reclamo y una útil herramienta para atraer clientes, los cuáles pese a contar con la ventaja que supone el dinero extra que la promoción aporta, en un plazo razonable terminan por desperdiciar tanto la parte ingresada por su cuenta y riesgo como la agregada por el bookie, no tanto a causa del porcentaje de acierto como por la pésima gestión del bankroll y el descontrol psíquico y emocional.
En ocasiones para el jugador impulsivo existe el agravante de las condiciones adicionales que impone la casa de apuestas para poder retirar el efectivo correspondiente al bono. Generalmente exigen apostar al menos tres veces la parte que corresponde al obsequio. Se trata del llamado rollover. Y además, acostumbran a imponer cuotas mínimas, por ejemplo de 1,50, para evitar inversores avispados que empleen sucesos valorados a 1,01 y cumplan de esta manera con el requisito con suma facilidad.
De la categoría de apostante mencionada en el anterior párrafo, puedo afirmar que existe un subtipo, que es quien intenta en sucesivas ocasiones aprovechar el mismo bono, ya sea empleando datos de sus familiares sin el consentimiento de éstos, o más grave aún, identidades inventadas, todo ello sin variar la IP del ordenador, por lo general. En determinado foro percibí que un usuario aseguraba haber abierto hasta un total de veinte cuentas en el mismo bookie en el que cometí la necedad arriba descrita y que como es lógico estaba teniendo problemas para un cobro solicitado. Obviamente, ninguna casa de apuestas va a proceder a realizar un pago a una persona que no existe, si bien no manifiestan ningún reparo a la hora de recibir ingresos de cualquier procedencia, especialmente si se trata de un jugador con escasa densidad neuronal.
Mención especial merece una de las gratificaciones ocasionalmente ofrecidas por muy concretas casas de apuestas: el bono sin ingreso. Se trata de importes que lo habitual es que no superen los cinco euros, y cuyos requerimientos para efectuar posteriores retiradas suelen ser bastante rigurosos, incluso exigiendo en ocasiones algún ingreso anterior al primero de los cobros. Pese a tener una apariencia totalmente diferente a la promoción anteriormente descrita, en la práctica el resultado es el mismo según el género de apostante de que se trate.
Desde esta modesta bitácora se recuerda que nadie vende duros a cuatro pesetas, y se recomienda una gestión eficiente y responsable, ya no solo de las cuantías conseguidas a través de los bonos, sino del resto del montante de capital que compone los saldos de las cuentas.
9 comentarios:
jajajaja y esa foto??
oye crack!casi me asfixio con el primer parrafo, pon mas puntos y aparte juer!
por cierto a quien te referiras con las 20 cuentas jajajajaja, que cabronazo eres! veras como te lea
sigue asi crack!
Gracias por tus comentarios.
Como ya sabrás, es Bono de U2. Ha sido poner la palabra "bono" en google para ver qué imagen ponía y me ha salido su cara por todas partes.
Del de las 20 cuentas no sé qué será de su vida. Lo mismo hasta se pasa por aquí y todo, no le vendría mal.
Saludos.
Gran artículo y gran verdad, Mudanzas. Uno de los que mas me ha gustado.
Es bueno que compartas las experiencias que tuviste cuando empezaste. Todo el mundo tiene que saber que aqui es muy difícil ganar dinero y muy facil en caer en estas trampas de dinero facil.
Ah y un consejo que te puedes tomar como quieras. Pasa de guerras tontas, es perder el tiempo.
Gracias por tus comentarios. Me alegro de que te haya gustado, eso es lo que se intenta, ayudar.
Tomaré en cuenta tu consejo.
Un saludo.
Muy buen artículo, crack.
Saludos.
No tanto como su obra, Sr. Amador.
Saludos.
Otro gran artículo de un blog que es aire fresco.Enhorabuena!
Gracias y saludos.
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