Doy por sentado que todos conoceréis el Servicio de Estacionamiento Regulado, más conocido como el SER, no guardando relación alguna con la conocida emisora de radio del Grupo PRISA. Sus instrumentos son básicamente: plazas de aparcamiento pintadas de verde o azul según estén destinadas a residentes o no residentes, los famosos parquímetros, y un indeterminado número de personas ataviadas con un peto amarillo y una extraña máquina que van pululando por las calles que tienen asignadas a la caza y captura de vehículos estacionados sin su correspondiente distintivo.
El usuario de las plazas de aparcamiento tiene la obligación de pasar por caja siempre que quiera hacer uso de esas plazas de aparcamiento los días laborables durante el horario comercial y los sábados por las mañanas. Pues bien, estas últimas palabras se evadieron de mi cabeza hace unas horas del día de hoy sábado, cuando acudí con mi vehículo privado a resolver unos asuntos, y al terminarlos, el escenario con el que me encontré estaba compuesto por una empleada de la empresa adjudicataria del servicio, que había cumplido diligentemente con su trabajo y acababa de plantarme en el parabrisas una tarjeta de felicitación, en la que se podía leer la matrícula de mi vehículo, el día y la hora de la infracción y el importe de la sanción.
Si Sir Paul McCartney dedicó esta canción a una tal Rita, quien le había sancionado por estacionamiento indebido, el autor de este humilde blog, Sir Mudanzas, no iba a ser menos y aquí se encuentra dedicándole un pomposo artículo a una anónima mujer que ha se ganaba la vida de la misma manera que la tal Rita.
“Que pase usted un buen día, señora”, la espeté con la burda ironía que me caracteriza y con mirada asesina. La mujer continuó su trabajo ignorando mis palabras, por lo que intuyo que estará más que acostumbrada a todo tipo de piropos y dedicatorias por parte de conductores sancionados.
Para mal menor, reparé en que en el parquímetro existe la opción de anulación de denuncia y que por un mísero puñado de euros puede uno reparar su falta y olvidarse del asunto para siempre. Acto seguido comprendí que ese pequeño importe no merece un cambio de humor tan brusco, y máxime teniendo en cuenta que si durante el fin de semana me acompaña mínimamente la suerte, esa pírrica cantidad quedará absolutamente compensada, por lo que la mejor decisión a tomar es dar carpetazo y disfrutar del resto del sábado y el domingo.
Y bien, a estas alturas del artículo se preguntarán mis queridos lectores que a cuento de qué viene toda esta historia. Sencillo: para enlazar con un mal hábito que he observado en determinados apostantes, que consiste en despreciar de forma absoluta el dinero que forma parte de los saldos de las cuentas en casas de apuestas, y apreciar en exceso el dinero que está en el bolsillo. Como si el dinero de la cartera tuviera más valor que los saldos de los que disponemos en las casas, cuando en realidad un euro es un euro, se mire como se mire. Con la cabeza fría, uno se para a pensar: ¿Qué sentido tiene que determinadas personas serían capaces tal vez de patearse toda una ciudad para encontrar una barra de pan cinco céntimos más barata cuando posteriormente delante del ordenador pagan sesenta euros mensuales a cambio de humo o arriesgan una fortuna en partidos de fútbol de la segunda división holandesa o de la liga sueca?
Infravalorar el montante del que se dispone en la casa de apuestas como si de billetes del Monopoly se tratara es un considerable error, y desde este blog, en aras de la concordia, la paz y la felicidad de todos, recomiendo fervientemente no adoptar ese tipo de comportamiento dañino, ludopático y autodestructivo.

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