Procedo sin ser malo a comentar lo que para mis retinas ha supuesto el número uno de la popular revista de apuestas, publicación cuyos objetivos entiendo que serán los mismos que los de la página web que le da nombre: informar, orientar y ayudar a la comunidad de apostantes, según su director, palabras que bajo ningún concepto voy a poner en tela de juicio.La revista contiene unas cien páginas, y como conclusión al ojeo y hojeo de la misma, se puede afirmar que dispone de algunos contenidos de gran calidad, otros de mediocre, y otros que por tratar de una temática que no atrae mi interés, me producen ambigüedad absoluta y que por tanto obviaré.
Los mejores fragmentos según mi raciocinio, son el párrafo en el que se sugiere no trabajar con casas de apuestas de dudosa reputación, citando a Bets4all como ejemplo, consejo que comparto al 100%; y un artículo de varias páginas sobre recomendaciones para el apostante novato, que bajo mi humilde punto de vista es con clara diferencia el mejor de todo el ejemplar.
Las advertencias enunciadas en ese excelente artículo son prácticamente las mismas que yo aportaría a cualquier persona que tenga intención de empezar en esta actividad, y las mismas que se mencionan en cualquier página web del gremio: autocontrol, gestión adecuada del dinero, especialización en no más de dos deportes e inversiones en eventos de los que se disponga de información y conocimientos.
No obstante observo una evidente contradicción. Se recomienda en un párrafo no invertir en eventos desconocidos tales como carreras de caracoles, lo cuál me induce a formular la siguiente pregunta: ¿Por qué en la popular página web del mismo nombre que la revista y mismo propietario no se predica con el ejemplo? Lamentablemente tanto en los pronósticos de aquel elenco de “gurús” como en el chat a diario no paran de leerse alocados consejos de inversión en ligas chipriotas, suecas, letonas y un largo sinfín de extrañezas.
Procedo a enumerar los puntos más oscuros. En primer lugar, el anuncio a bombo y platillo de “hasta 70 euros en el interior”. Esa práctica es mundialmente conocida como publicidad engañosa, quizá en Zaragoza se llame de otra manera. Y en segundo lugar, la autocomplacencia sobre el éxito del 10% de presunto beneficio obtenido por los pronósticos del equipo de analistas. Habría que observar los resultados reales de no haberse suprimido a efectos del cálculo algunos pronósticos estrepitosamente errados. Todo éllo sin entrar a valorar sobre la imposibilidad de alcanzar tales exuberantes guarismos a base de una mayoría de pronósticos en ligas desconocidas y sin explicación alguna. Y mención aparte merecerían también los pronósticos de la Tercera División de fútbol española, en los que los stakes altos desvirtúan absolutamente la realidad, puesto que ninguna de las casas de apuestas que ofrece tales eventos permite en éllos la inversión más que de un puñado de euros.
El resto de la revista no atrae mi atención ni en sentido positivo ni en el negativo. Artículos sobre estrellados del fútbol o torneos presenciales de poker no me causan especial interés, así como tampoco aquél que define lo que es una casa de apuestas, más que nada porque su autor, a la vista de sus antecedentes, tal vez podría enseñarme a marcar goles en pachangas regionales, pero no a proceder en el mundo de las inversiones en apuestas deportivas.
Probablemente no adquiriré más números de la publicación descrita, puesto que no pertenezco al segmento del mercado al cuál va dirigida. El contenido de su primer número no me ha aportado ningún conocimiento del que no dispusiera con anterioridad, a otras personas es posible que sí lo haga.
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