Como introducción a mi exposición, quiero comentar que a la vista de las experiencias vividas a través de la lectura de comentarios en diversos foros de la temática y de conversaciones que he mantenido con otros componentes del gremio, existen tres tipos de gestión del bankroll.
Gestión alocada. Realmente sobre esta categoría no sería necesario explicar demasiado, el nombre ya habla por sí solo. Se trata de jugadores que se dejan llevar por arrebatos y no respetan la recomendación genérica de no arriesgar más del 3 o el 5 por ciento en cada apuesta. En el momento que detectan un suceso que consideran “seguro” y dependiendo del estado de ánimo en que se encuentren, arriesgan cantidades muy por encima de ese umbral, o incluso la totalidad de su bankroll a una sola carta. Aténganse a las consecuencias quienes caminen por estos terrenos tan pantanosos…
Gestión metódica dependiente del bankroll. El tamaño de las apuestas depende de la confianza en el suceso, la magnitud de value detectada en la cuota y del bankroll disponible. Se emplean fórmulas como la del método de Kelly o variantes del mismo, que incluyan ese tipo de conceptos. Correctamente empleadas, contribuyen a optimizar la gestión del patrimonio y los beneficios.
Gestión metódica independiente del bankroll. Sin sobrepasar el umbral del 3 o 5%, la cantidad a apostar no depende del bankroll disponible, sino que se establece un importe fijo que puede o no variar en función de la confianza y la cuota, en función de lo que el inversor considere oportuno y de su estilo personal. No se realizan los oportunos ajustes en base a malas o buenas rachas, y por consiguiente no se optimiza la gestión aunque sí el tiempo, un bien escaso para numerosas personas y máxime en la actual sociedad del stress, la competitividad y las prisas en que nos ha tocado vivir.
Tras esta breve exposición de tipologías, imaginen ustedes a un cauto apostador, conocedor de determinado deporte que en los momentos previos a efectuar cada una de las inversiones recaba cuanta información se encuentra a su alcance. Con seriedad, criterio y cerebro, su tasa de retorno de la inversión (yield o R.O.I.) es positiva en el horizonte del largo plazo. Su excesivo temor a los peligros inherentes al juego provoca que no invierta más de cinco euros por apuesta. Se trataría de un claro caso de suboptimización de cualidades, y conozco a varias personas que responden a este patrón. Al margen del no aprovechamiento de su potencial, se encuadraría en la tercera de las categorías de gestión, stake plano o semiplano.
Podría existir la errónea percepción de que si este sujeto ficticio multiplicara por cien cada una de sus apuestas, sus beneficios incrementarían de forma lineal. Dicha percepción, como digo, no sería correcta. No se produce esa linealidad, principalmente a causa de dos factores, que será en la siguiente entrada cuando los desarrolle.



