17 de marzo de 2010

Subidas de stake - I

Como introducción a mi exposición, quiero comentar que a la vista de las experiencias vividas a través de la lectura de comentarios en diversos foros de la temática y de conversaciones que he mantenido con otros componentes del gremio, existen tres tipos de gestión del bankroll.

Gestión alocada. Realmente sobre esta categoría no sería necesario explicar demasiado, el nombre ya habla por sí solo. Se trata de jugadores que se dejan llevar por arrebatos y no respetan la recomendación genérica de no arriesgar más del 3 o el 5 por ciento en cada apuesta. En el momento que detectan un suceso que consideran “seguro” y dependiendo del estado de ánimo en que se encuentren, arriesgan cantidades muy por encima de ese umbral, o incluso la totalidad de su bankroll a una sola carta. Aténganse a las consecuencias quienes caminen por estos terrenos tan pantanosos…

Gestión metódica dependiente del bankroll. El tamaño de las apuestas depende de la confianza en el suceso, la magnitud de value detectada en la cuota y del bankroll disponible. Se emplean fórmulas como la del método de Kelly o variantes del mismo, que incluyan ese tipo de conceptos. Correctamente empleadas, contribuyen a optimizar la gestión del patrimonio y los beneficios.

Gestión metódica independiente del bankroll. Sin sobrepasar el umbral del 3 o 5%, la cantidad a apostar no depende del bankroll disponible, sino que se establece un importe fijo que puede o no variar en función de la confianza y la cuota, en función de lo que el inversor considere oportuno y de su estilo personal. No se realizan los oportunos ajustes en base a malas o buenas rachas, y por consiguiente no se optimiza la gestión aunque sí el tiempo, un bien escaso para numerosas personas y máxime en la actual sociedad del stress, la competitividad y las prisas en que nos ha tocado vivir.



Tras esta breve exposición de tipologías, imaginen ustedes a un cauto apostador, conocedor de determinado deporte que en los momentos previos a efectuar cada una de las inversiones recaba cuanta información se encuentra a su alcance. Con seriedad, criterio y cerebro, su tasa de retorno de la inversión (yield o R.O.I.) es positiva en el horizonte del largo plazo. Su excesivo temor a los peligros inherentes al juego provoca que no invierta más de cinco euros por apuesta. Se trataría de un claro caso de suboptimización de cualidades, y conozco a varias personas que responden a este patrón. Al margen del no aprovechamiento de su potencial, se encuadraría en la tercera de las categorías de gestión, stake plano o semiplano.

Podría existir la errónea percepción de que si este sujeto ficticio multiplicara por cien cada una de sus apuestas, sus beneficios incrementarían de forma lineal. Dicha percepción, como digo, no sería correcta. No se produce esa linealidad, principalmente a causa de dos factores, que será en la siguiente entrada cuando los desarrolle.

15 de marzo de 2010

Fenómenos aleatorios

Desayunando en el bar hace algunos días, un individuo en evidente estado de embriaguez posicionado a mi lado en la barra, comenzó a relatarme tanto su vida personal como otras historias que no me interesaban lo más mínimo. He disfrutado de desayunos más agradables que aquél, evidentemente. Me pregunté por el tiempo que tardaría ese personaje en caer en la cuenta de que no le estaba ni mirando y que sus relatos no atraían mi atención. Bien, pues ese tiempo se trata de una variable aleatoria. Acabo por tanto de exponer uno de los numerosos ejemplos que tendrían cabida bajo este epígrafe.

El mundo, bajo una perspectiva entrópica, es en sí mismo una variable aleatoria, y a nivel minimalista está compuesto por miles de millones de fenómenos absolutamente impredecibles o que al menos no son en su totalidad vaticinables.

Cada día de nuestra vida nos formulamos múltiples preguntas que en la mayoría de las ocasiones carecen de una respuesta que a priori pudiera ser fiable. ¿Qué caja será más rápida? ¿Qué itinerario soportará menos tráfico? ¿Me atenderán correctamente en este restaurante?

En los tres ejemplos enumerados puede una persona aventurarse a elaborar una predicción en función de diversos factores, pero el suceso siempre se quedará en mayor o menor medida en manos del azar. Se intuirá que será más rápida la caja en la que menos gente permanezca guardando la cola, o menos productos en sus carros. Pero será imposible de predecir la torpeza de quien atiende esa caja, la lentitud del cliente al embolsar sus productos o que el lector detecte todos los códigos de barras correctamente. Respecto al tráfico, probablemente un buen indicador sea la memoria de días anteriores en el mismo lugar y hora, pero será imposible de prever un monumental atasco debido a un accidente u obras. Y así sucesivamente.

El mundo de las apuestas está evidentemente sometido también a variables aleatorias contra las que debe enfrentarse el inversor. Pero desgraciadamente, son demasiado frecuentes en los foros de la temática mensajes de apostadores novatos –o veteranos, pero que no saben o no quieren evolucionar- que alertan sobre apuestas seguras. Grave error. Y doblemente grave, puesto que quienes publican tales aberraciones, en ocasiones bajo la complicidad implícita del webmaster, no solo atentan contra su economía propia, sino que hacen lo propio contra la de incautos que atraídos por ese presunto dinero fácil invertirán una fuerte suma en ese presunto suceso infalible.

Cada pronóstico supone una batalla cuerpo a cuerpo del jugador contra variables aleatorias. Sus armas son la frialdad, la gestión del dinero y los análisis previos al evento, cuanto más completos mejor, y no deben dejarse de tener en cuenta estadísticas, estados de forma, meteorología, lesiones, sanciones y toda circunstancia que rodee al suceso a predecir. Las armas con las que cuenta la casa de apuestas son el oddsmaker, los márgenes y determinadas cláusulas leoninas en las normas.

El inversor que mejor maneje sus armas, mayores posibilidades tendrá de resultar victorioso en la batalla, aun a sabiendas de que puede resultar derrotado. Por el contrario, quien tenga en la cabeza el erróneo concepto de apuesta segura o crea ser conocedor de todos los deportes, acabará irremediablemente sumido en el círculo vicioso de las pérdidas, a no ser que comience a asimilar el concepto de fenómeno aleatorio. Como reza el refrán, más vale tarde que nunca.

12 de marzo de 2010

Tratamiento de la ludopatía

El trastorno del juego adictivo como alteración grave del comportamiento entraña más gravedad de lo que la sociedad percibe. No en vano, se calcula que en España un total de 500.000 personas padecen estas patologías y necesitarían un adecuado tratamiento. Un habitante de cada noventa, aproximadamente. A la vista de los datos, una clínica de tratamiento de estos trastornos podría convertirse en el negocio del siglo, aunque intuyo que no es tan sencillo, toda vez que la inmensa mayoría de los afectados no admiten su enfermedad y la ocultan sistemáticamente.

Se trata por tanto de un problema que aunque se desconoce a qué épocas se remonta, se encuentra todavía en fase de estudio por parte de los profesionales de la psiquiatría. Esta ciencia tan solo lleva unos años ocupándose de los trastornos ludopáticos, y no fue hasta 1.992 cuando la Organización Mundial de la Salud incluyó esta enfermedad en su amplio repertorio, concretamente en la categoría de “trastornos de la personalidad y del comportamiento”. Dicha organización define textualmente la ludopatía como “la presencia de frecuentes y reiterados episodios de participación en juegos de apuestas, los cuáles dominan la vida del enfermo en perjuicio de sus valores y obligaciones sociales, materiales, laborales y familiares”, definición que es bastante similar a alguna de las explicaciones ya ofrecidas en este humilde blog en artículos anteriores.

Continuando con los criterios de la Organización Mundial de la Salud, la ludopatía se manifiesta a través de los siguientes síntomas encadenados:

1- Presencia de dos o más episodios de juego durante el mismo año.

2- Tales episodios carecen de provecho económico para el individuo y, sin embargo, se reiteran a pesar de los efectos perjudiciales que producen a nivel social y laboral, sobre los compromisos personales y sobre los valores.

3- El afectado se halla inmerso en un impulso incontrolable y vehemente de jugar, siendo incapaz de abstenerse de hacerlo por voluntad propia.

4- Preocupación con sentimientos e imágenes mentales relacionados con el acto de jugar o con las circunstancias que lo rodean.

En este sentido, aun no siendo yo profesional de la materia, considero que el trabajo del psiquiatra debe estructurarse al igual que ocurre en el tratamiento de cualquier otra enfermedad, en dos fases principales: diagnóstico y tratamiento.

a) Diagnóstico: Revisión de antecedentes personales y familiares, exploración del estado físico y mental y conocimiento de otras posibles adicciones, ya que como mencioné en su momento, son muy numerosos los casos en los que el juego compulsivo y el alcoholismo van estrechamente unidos. Igualmente se debe investigar la existencia o no de otros trastornos psiquiátricos concurrentes e incluso decidir si procede la derivación a un centro hospitalario en el caso de detectarse riesgos de suicidio, psicosis o un estado físico calamitoso.

b) Tratamiento: Investigando en páginas especializadas, he averiguado que los tratamientos se pueden tipificar en cuatro categorías. Veámoslas.

b1) Técnicas de control de estímulos: Tradicionalmente ha consistido en la restricción de acceso a determinados lugares, compañías y actividades relacionadas con el juego, y un control estricto del dinero. En la actualidad habría que agregar algún filtro en cuanto a la conexión de Internet, puesto que son tantos los casinos online, casas de apuestas y salas de poker existentes, que un ludópata puede reincidir en los hábitos dañinos sin desplazarse de su domicilio personal.

b2) Técnicas de terapia cognitiva: Existe una clara evidencia de pensamientos irracionales y distorsiones cognitivas en los ludópatas. Estas técnicas se basan en la hipótesis de que los patrones de pensamiento tienen efectos adversos sobre las emociones y la conducta y que, su reestructuración, por medio de intervenciones psicoeducativas y práctica continua, puede mejorar el estado de la víctima.

b3) Terapia de grupo: De la misma forma que pueden ser útiles los grupos de alcohólicos o de mujeres maltratadas para intercambiar experiencias y apoyarse mutuamente, una terapia de grupo facilita el desarrollo de técnicas de afrontamiento y constituye una red de apoyo social. El afectado comprueba que no es el único en su desgraciada situación e interactúa con otras personas, generalmente a través de un coordinador experto en la materia.

b4) Uso de fármacos: Se están empleando determinados medicamentos que contienen componentes que mejoran la neurotransmisión. Personalmente tengo mis serias dudas con este tratamiento. Sin ser Licenciado en Medicina, me atrevo a conjeturar que los medicamentos no deben suministrarse salvo que no exista ya otro remedio. La poderosa industria farmacológica introduce la creencia de que todos los problemas del mundo se solucionan con la ingesta de fármacos, y de paso llenan sus de por sí boyantes arcas. Estos productos está comprobado que pueden generar adicción, y no me parece de recibo sanar una adicción a base de generar otra.

10 de marzo de 2010

Coca-cola y apuestas

El popular refresco efervescente, que en sus inicios fue creado con propósitos medicinales, inventado por el farmacéutico John Pemberton , data del ya lejano siglo XIX, y está considerado como una de las marcas más exitosas de todos los tiempos. La bebida contiene cafeína entre muchas otras sustancias. Se trata pues de un brebaje adictivo. Al igual que el juego.

Por tanto, podemos establecer una correlación entre los bebedores de coca-cola y los apostadores. En función del envase empleado, considero que existen cinco tipos de consumidores del popular refresco.

1- Coca-cola de barril. Quienes consumen el refresco en este formato, realmente ni siquiera conocen el contenido de lo que les han servido. Se les dispensa el caldo en un vaso de cristal si se encuentran en un restaurante –Vips o Fosters Hollywood por ejemplo-, o de plástico si se trata de un cine. De cualquiera de las maneras, la coca-cola de barril proviene de disolver unos polvos o una pasta en agua, a lo que hay que agregar el hecho de que suele ser servida junto con una ingente cantidad de hielo, de forma que lo que realmente se ingiere es “agua coloreada de negro”. El precio a abonar por semejante sucedáneo es excesivo, y en los cines el despilfarro se agrava más aún por el alto coste que también suponen las palomitas y la entrada en sí misma. En resumen, que a los consumidores de esta tipología, que pagan un alto precio por una pésima calidad, los asocio con los malos apostantes, los que no se detienen a estudiar la calidad ni el valor de las apuestas, sino que se dejan llevar por los impulsos y apuestan en bookies de altas comisiones sin comparar las cuotas con las de otros.

2- Coca-cola de botellín. Mejora de gran manera el sabor respecto a la anterior, ya que en esta configuración el refresco es auténtico, no es un sucedáneo disuelto en agua. Además, el simple hecho de estar resguardado en un recipiente de cristal no le hace perder sus propiedades. Se optimiza por tanto la calidad pero no el precio, ya que por 20 centilitros se abona prácticamente el mismo importe que por una lata de 33. A los consumidores de botellines los asemejo con los apostantes que, sin haber conseguido aún entrar en el elenco de los ganadores, han depurado gran parte de sus conductas erróneas y se encuentran en el medio camino entre un perdedor y un profesional.

3- Coca-cola de lata. Formato más económico que el anterior, si bien los puristas indican que el sabor no está tan logrado. En cualquier caso, se optimiza de gran manera la relación calidad-precio, por lo que los bebedores de latas me recuerdan a los ganadores en potencia, los que estudian minuciosamente sus apuestas antes de arriesgar su capital.

4- Cubatas. Consiste en mezclar coca-cola de botellín con alguna bebida alcohólica, generalmente whisky o ron. Abonan importes desmesurados por un fluido que en la mayoría de las ocasiones no es auténtico, sino de garrafón. Pésima mezcla y nula optimización de costes. Evoca a los jugadores que mezclan apuestas deportivas con casinos virtuales, póker, tragaperras y todo lo que se les cruce. Si los que mezclan bebidas acaban en una acera vomitando, los que mezclan juegos prefiero no imaginarlo.

5- Coca-cola de botella de dos litros. Se trata del formato más económico de todos, y del único en el que el consumidor no gasta la totalidad del contenido durante el mismo día, sino que almacena parte para días sucesivos. Con el tiempo pierde sabor y efervescencia. Al cabo de los días, el líquido si no se ha cubierto bien o se ha agitado, se convierte en un auténtico jarabe, como si quisiera servir para el propósito para el que fue inicialmente concebido. Se trata en cualquier caso de una inversión a largo plazo, por lo que a los bebedores de coca-cola de botella los asemejo con los traders, los que efectúan operaciones a largo plazo, inversiones que, al igual que el mencionado brebaje, pueden perder calidad con el tiempo. O tal vez la ganen, como el buen vino…

8 de marzo de 2010

Crisis what crisis?

Cuando hablo con españoles, desde la lejanía, sobre la situación en la que está el país, suelo percibir una incertidumbre en parte calmada. Supongo que ninguno de mis interlocutores es parte de esa minoría que roba en los supermercados por necesidad o que ha perdido su casa por no poder hacer frente a la hipoteca, siendo esto el mejor de los casos -el peor sería haber perdido adicionalmente la casa de sus padres puesta como aval por no ser capaz de cumplir los plazos de dicha hipoteca.

¿Es la culpa de ZP? Posiblemente no, posiblemente sí. Lo mismo que él elijo una respuesta "gallega" y tibia.

Nunca me he considerado un ser político, sino todo lo contrario, eminentemente práctico, capaz de mirar con los mismos ojos los mismo al descarado Aznar como al ocurrente Guerra (Alfonso, no el testaferro de iApuestas), pero supongo que con el tiempo le he ido cogiendo cierta tirria al actual presidente del gobierno, un personaje que difícilmente puede gobernar con acierto cuando no es capaz ni de gobernar su propia casa, a caballo entre lo gótico, la generación ni ni y la aparente jaqueca continuada de su señora. Por lo general soy muy escéptico en lo relativo a la bondad de ejercer nuestro derecho al voto. La opción de elección real (no teórica) es extremadamente limitada, concretamente 2. La diferencia entre los candidatos suele ser mínima y nuestra tendencia es a decantarnos por afinidades personales (carisma) o simplemente por la costumbre de mantener una ideología que en muchos casos no hemos elegido, sino que nos han impuesto, o que en el peor de los casos seguimos basados en unas creencias idealistas y superficiales, totalmente alejadas de la realidad. Nuestra posibilidad de equivocarnos cuando votamos es alta. También nos podemos equivocar votando lo contrario. Pero lo que es improbable es que nuestro voto sea significativo en el resultado final.

Como persona consecuente conmigo mismo, hace muy poco deje pasar una oportunidad clara de follar porque la contraparte era una obvia simpatizante de ZP. Imaginaos la película, en el sofá de mi eventual hogar, con la susodicha atusandome los cabellos y conmigo recostado sobre sus tetas. En el momento que dejó entrever su catadura política, por puro ejercicio de la consecuencia tuve que invitarla a abandonar mi lar de inmediato. Obviamente si hubiese estado medio buena podría haber tenido una mayor flexibilidad en la citada situación. Pero entended que no se puede pretender que apagueis la chimenea de vuestra casa, si os comienzan a hablar de pirómanos.



El mayor problema actual de España es sin duda el empleo. No solo el paro, sino también la precariedad del empleo y el bajísimo poder adquisitivo del trabajador medio, que paradójicamente tiene una dependencia económica elevada de lo que son sus progenitores pensionistas o ya en la curva descendente de su rendimiento laboral.

¿Es la culpa de ZP? Me mojo. La culpa es de los españoles. Somos demasiado cómodos/conformistas. Os pondré un ejemplo eminentemente apuestil. En los últimos dos años he visto varias situaciones de un escaso espíritu emprendedor.

-Españoles que rechazan un trabajo de apostante profesional en el Caribe, sin riesgo de tipo económico, con casa y una nómina mensual de cinco cifras ($).
-Españoles que rechazan una estrategia sistemática para estudiar los medios que evitan los límites impuestos por los bookmakers a los jugadores ganadores, porque están demasiado ocupados jugando a minijuegos en el Facebook.
-Españoles que rechazan puestos de trabajo indefinidos de bookmaker en las islas británicas porque se encuentran en proceso de acabar una carrera universitaria (eso que tiene el 40% de la gente en España) o porque tienen hijos en edad de estudiar.
-Españoles que no se presentan a entrevistas de trabajo para bookmaker porque tienen miedo de perder una beca de investigación en la que trabajan a cambio exclusivamente de alojamiento y comida (si llega).

En definitiva, tenemos lo que nos merecemos.

PD: No considero ser emprendedor aprovecharse de los pobres de espíritu a cambio de nada o cobrándoles, timar, vender humo o artículos recreativos fútiles a precio de usura, fuera de mercado.

7 de marzo de 2010

La imagen del deportista

Observamos cómo con el transcurso del tiempo, la llegada de los medios de comunicación masivos, la globalización y los contratos multimillonarios, el deportista de élite está obligado ya no sólo a demostrar con corrección sus facultades físicas y técnicas sino a preservar su imagen. Sacrificios que en cualquier caso conllevan una más que sobrada recompensa, toda vez que por un jugoso contrato publicitario se pueden obtener cuantiosos ingresos. No en vano, determinados deportistas perciben más dinero en conceptos publicitarios o de imagen que por el compromiso laboral que les vincula a sus respectivos clubes.

Esta tendencia se acentúa más en los deportes de elevada trascendencia social y que no supongan un esfuerzo extremo. Jamás una quinceañera me ha confesado haberse enamorado de un corredor de marathon o de un ciclista. Los rostros sudorosos y desencajados con que acostumbran a aparecer en las fotografías no invitan a despertar deseos sexuales o platónicos a nadie. En cambio es frecuente en colegios e institutos la aparición de carpetas cuyas propietarias han recubierto con fotografías de prestigiosos futbolistas, baloncestistas o tenistas, sin olvidarnos tampoco de la Fórmula 1.

Atrás quedaron los años en los que ciertos futbolistas presentaban un aspecto tosco, con bigote y con la camiseta por fuera, como es caso del Tato Abadía (en la fotografía) y algunos otros. Desaparecieron definitivamente de la indumentaria de los jugadores los pantalones cortos y ajustados y las camisetas monocromo, siendo sustituidos por prendas más vistosas que entran mejor por los ojos. Incluso se observa la existencia de botas personalizadas en los jugadores más populares.

La figura del asesor de imagen adquiere vital importancia en la carrera de un deportista profesional. Cientos de empresas ofertan sus servicios al respecto. Una persona de la calle no tiene por qué necesitar esta clase de servicios, y de hecho puede suponer un coste demasiado elevado. Pero para un deportista de élite, sí puede suponer una inversión muy rentable teniendo en cuenta las mejorías económicas que puede conllevar debido a contratos publicitarios. El profesional requerido para tales fines debe estar en posesión del título de Técnico Superior de Asesoría de Imagen Personal, por lo que al contrario de lo que ocurre con el “asesor deportivo”, el asesor de imagen está dotado de conocimientos, formación y experiencia, aporta valor añadido al conjunto de la sociedad y por tanto es lícito y lógico que exija una contraprestación monetaria a cambio de los servicios que presta.

La actual problemática de determinados deportistas, especialmente los que se encuentran en la ansiada cumbre, es que se está convirtiendo en una tendencia muy general el hecho de prestar excesiva atención a los contratos publicitarios y dejar en segundo plano el juego y la atención debida al equipo, que es al fin y al cabo el que le abona la suculenta nómina. No obstante, en ocasiones son los propios clubes los que orientan sus esfuerzos hacia estas campañas de marketing y no hacia los resultados del equipo. ¿O acaso son beneficiosas, deportivamente hablando, para el Real Madrid y el Barcelona aquellas pretemporadas que se marcan en países asiáticos con el único fin de dar a conocer la marca en aquel continente y vender camisetas con el nombre y el dorsal de los ídolos de masas?

5 de marzo de 2010

Errores frecuentes en los handicaps enteros de fútbol

Las apuestas de handicaps enteros en fútbol, y más concretamente las “sin empate” en cualquier encuentro entre dos equipos relativamente parejos en lo que respecta a calidad de la plantilla y/o estado de forma, constituyen una opción bastante recomendada en cualquier foro de la temática, toda vez que se reduce el riesgo en comparación con las tradicionales inversiones de 1X2, ya que están cubiertos dos de los tres posibles desenlaces. Si el partido concluye con uno de los tres resultados, se obtiene beneficio, y con el segundo de éllos se recupera el capital, que tampoco está mal. En este artículo además quedó demostrado que los handicaps enteros conceden una ventaja adicional al apostante, ya que en caso de empate, el bookie no obtiene margen alguno, con la excepción de Interapuestas y su leonina cláusula del 10%.

Ahora bien, por mi parte debo advertir que no es oro todo lo que reluce. Esa pequeña ventaja matemática, si se sabe gestionar, debería a largo plazo repercutir positivamente en el capital del apostante con criterio. Pero he detectado dos errores psicológicos frecuentemente cometidos por apostantes poco avispados, que consisten en sobrevalorar la ventaja de los handicaps enteros. Considero que la primera de las equivocaciones que voy a exponer a continuación la comete el inversor novel, mientras que en la segunda se dan de bruces determinados jugadores con cierta experiencia pero que todavía necesitan algunos hervores para convertirse en ganadores y tipsters en quienes confiar, suponiendo que algún día lo consigan.

1- Pensar que se está apostando a una cuota mayor de la real. Lo ilustro con un ejemplo que he leído hasta la saciedad: “Apuesto a cuota 2,00 y cubro la X para asegurar”. El sucedáneo de tipster que escribe aquella atrocidad, acaba de descubrir las ventajas de minimizar el riesgo cubriendo el empate tras haber recibido su bankroll algunas bofetadas, pero aún no ha asumido el concepto de value ni algún que otro aspecto matemático elemental. Es tan simple como que apostando a 2,00 cubriendo el empate con una cuota de 3,15 se obtiene una pírrica cuota de 1,365 por la victoria sin empate.

2- La errónea percepción de seguridad. Se resume con tres palabras: “Como mínimo recuperamos”. Se trata de una expresión que puede llegar a ser muy dañina, especialmente para el patrimonio del lector novato a quien se le hace creer que se encuentra ante una inversión segura, con el consiguiente overbetting según en qué casos. Esta situación concreta aparece más en los asian handicaps “-1” que en las apuestas sin empate. La situación típica es un partido de fútbol en el que uno de los dos conjuntos, generalmente el local, es bastante favorito y su cuota a ganador se recompensa a una cuota que ronda el 1,45. Surge el iluminado de turno escribiendo que la victoria es segura y sólo hace falta conocer la diferencia de goles. Suele acompañar el pronóstico con una vaga descripción y unos inservibles datos estadísticos. He perdido la cuenta de situaciones similares en las que el equipo que a priori parte como víctima consigue cosechar un punto o incluso los tres. Si el ingenuo jugador opta además por sufrir siguiendo el partido en directo, en el minuto 80 sustituye la expresión “Como mínimo recupero” por la de “Virgencita, que me quede como estoy”, apelando a los poderes divinos para recuperar el importe como mal menor, ante la imposibilidad manifiesta de acertar el pronóstico.

Desde este irreverente blog se recomienda apostar con moderación y criterio, así como no despreciar la posibilidad de ninguno de los posibles resultados de un evento deportivo.