23 de noviembre de 2010

Punto final

Tras un año repleto de artículos y alguna que otra curiosa anécdota, ha llegado el momento de comunicar que he decidido de forma firme e irrevocable dar por concluida mi obra. Desde hoy mismo dejo de publicar entradas, si bien el blog se va a quedar abierto para no lanzar por la borda el trabajo de todo este tiempo. Además considero que gran parte de los contenidos pueden constituir una herramienta importante de ayuda para cualquier lector que por casualidad se tope con esta web y muestre un mínimo interés por la actividad.

La decisión no ha sido fruto de un arrebato o un mal día, sino que estaba ya premeditada desde hace ya algún tiempo. De hecho, en el mismo momento en que abrí el blog y emprendí esta aventura, fui consciente de que mi actividad filosófica estaba condenada a tener fecha de caducidad, y que esta llegaría cuando se me agotaran las ideas. Actualmente tengo la sensación de haber expresado ya todo lo que tenía que decir. Y por otra parte, en los últimos tiempos mis ocupaciones personales me estaban impidiendo atender la bitácora debidamente, por lo que antes de continuar en malas condiciones y reduciendo la calidad de los contenidos, considero que es más adecuado poner el punto final.

Quiero ya por último expresar mi más humilde agradecimiento a todas las personas que me habéis leído durante todos estos meses y especialmente a las que os habéis tomado la molestia de hacer aportaciones ya sea en público o en privado.

20 de noviembre de 2010

El curioso caso del Sr. Watanabe

Imagínese que es un empresario con éxito y un adicto al trabajo, que acaba de vender el negocio de su familia y que a cambio ha obtenido una fortuna que le serviría para vivir, ya no solo usted, sino las diez generaciones posteriores. Si ese es su caso, le recomiendo que emprenda la gestión de un negocio nuevo, busque otro trabajo o simplemente adquiera un terrenito en el que pueda matar su tiempo plantando cebollinos, pero en ningún caso haga lo que el desdichado Sr. Watanabe (en la imagen). Supongo que tratando el blog de lo que trata, ya intuirán por dónde van los tiros.

El Sr. Watanabe se encontraba exactamente en la tesitura anterior, una situación aparentemente cómoda, pero que realmente no lo es para un adicto al trabajo. Así pues, para mantener su mente y su tiempo ocupados, se entregó al alcohol y al juego, una mezcla bastante explosiva, como ya he comentado en repetidas ocasiones. El resultado es que el hombre ha conseguido un record mundial al alcance de muy pocos, o tal vez de nadie más: ser la persona que más dinero pierde en el juego durante un año: ¡¡¡204 millones de dólares!!!. El personaje, desde luego, dista mucho de ser el novio ejemplar que toda madre desearía para su hijita.

Para los no angloparlantes, en este artículo de El Mundo se habla también sobre su caso, y algunos de sus párrafos no tienen desperdicio. De hecho debo reconocer que me han arrancado alguna sonrisa, lo cuál no dice nada bueno sobre mi persona.

“En total, Watanabe ha perdido en los casinos Caesars Palace y Rio 127 millones de dólares”. En varios artículos de medios ingleses se habla que después de investigaciones sucesivas, la cantidad que realmente perdió en un año fue de 204 millones.

“La ludopatía de Watanabe aportó en 2007 el 5,6% de la facturación en Las Vegas de Harrah's Entertainment […] De hecho, en las oficinas de esa empresa habían colgado en 2007 una foto de Watanabe. No consta si debajo de ella habían escrito: 'Nuestro benefactor'.”. Los de El Mundo con recochineo. Aunque no es para menos.

“Se niega a pagar 14,7 millones de dólares (9,9 millones de euros) que Harrah's le concedió a crédito en 2007. El casino le ha denunciado. Y el empresario se expone a 28 años de cárcel. […] Afirma que el casino le hizo falsas promesas de que le devolvería parte de sus pérdidas”. Ya tienen mala gaita los del casino. Habiendo sido su benefactor, querer enviarle a la cárcel por esa pírrica cantidad… (Pírrica dentro del contexto que estamos tratando, evidentemente)

“[El casino] le suministró, en los peores momentos de su ludopatía, alcohol y calmantes que, combinados, forman un cóctel explosivo, ya que producen euforia en quien los ingiere. Watanabe afirma que los empleados de Harrah's llegaron a ponerle fármacos en su habitación como si fueran bombones de obsequio. Harrah's lo niega pero, según The Wall Street Journal, varios empleados, así como personas que trabajaron en Harrah's, dicen que sus supervisores les dijeron que permitieran a Watanabe seguir jugando incluso cuando estaba visiblemente ebrio, a pesar de que la normativa del casino y la legislación del Estado estipulan que una persona que está claramente borracha no debe ser autorizada a realizar apuestas”. Rectifico lo afirmado en el párrafo anterior: no tienen mala gaita. Tienen MUY mala gaita. Este caso habría venido de perlas en el artículo de la ética de hace un par de semanas, en el que hablé de un chico nórdico que había perdido siete millones y medio de euros. Calderilla, vamos.

La noticia en cuestión es de 2008. He tratado de investigar el paradero y la situación a día de hoy del Sr. Watanabe, pero la búsqueda ha resultado baldía. Desconozco su estado actual, pero intuyo que no debe estar pasándolo demasiado bien. Tomen nota, por favor.

17 de noviembre de 2010

Personalidad, temperamento y estados de ánimo

En el horizonte del largo plazo, los resultados de la actividad de inversión en apuestas deportivas dependen de diversos factores, principalmente relacionados con el acierto o no en las decisiones tomadas, pero existe un conjunto de aspectos que en ocasiones se pasan erróneamente por alto. Se trata de todo lo relacionado con el componente psicológico del juego.

Para enfocar la exposición que me ocupa en el día de hoy, en primer lugar considero imprescindible la introducción de varios conceptos básicos. Ordenados de mayor a menor en función de su componente temporal, son los siguientes:

Personalidad: Es el conjunto de características, sentimientos y pensamientos ligados al comportamiento. Es un concepto que permanece constante a lo largo de toda la vida del ser humano, y condiciona actitudes, hábitos y conductas.

Temperamento: Es un concepto relativamente complejo y difícil de abarcar en su totalidad. Podríamos definirlo como la manera natural con que un ser humano interactúa con el entorno. Se considera que tiene un fuerte componente genético, por lo que al igual que la personalidad, permanece constante a lo largo de la vida. Este término se encuentra estrechamente relacionado con el sistema nervioso y abarca características como la capacidad de adaptación o el estado de ánimo, que procederé a definir posteriormente.
Existe una clasificación tradicional, que data de la época de la Antigua Grecia, y que categoriza a las personas en cuatro conjuntos en función a su temperamento:

- Temperamento sanguíneo: Personas con un humor muy variable, de sistema nervioso rápido pero equilibrado.
- Temperamento melancólico: Personas tristes y soñadoras, de sistema nervioso débil.
- Temperamento colérico: Personas de humor fuerte y unos sentimientos impulsivos. Su sistema nervioso es fuerte, rápido y desequilibrado.
- Temperamento flemático: Personas pausadas, con mucha sangre fría, de sistema nervioso lento y equilibrado.

Estado de ánimo y emociones: Son dos conceptos relacionados con el estado de la mente y las impresiones, y por tanto cambiantes con el tiempo. El estado de ánimo hace referencia a un período indeterminado que puede durar días o semanas, mientras que las emociones pueden ser activadas o variadas por un estímulo en cualquier momento.


La intención de esta concisa exposición es dar a conocer elementos que pueden ser vitales en el éxito o fracaso de la actividad inversora, ya no sólo en apuestas, sino en cualquier otro sector.

La personalidad es fundamental a la hora de triunfar en cualquier profesión, trabajo o actividad. Como ya escribí hace varios meses, algunos seres humanos están dotados de determinadas capacidades, y otros disponen de otras, pero nadie sirve para todo. Una persona debe ser consciente de sus fortalezas y limitaciones, y comprobar por ejemplo, en el caso que nos compete, si es capaz de abarcar sin problemas varios deportes, si podrá gestionar eficientemente un bankroll, si dispondrá de habilidades por encima de la media en determinada mesa de poker o si anulará la ventaja del bookie y/o de otros jugadores apostando en directo a este o aquel evento.

Respecto al temperamento, las cuatro descripciones anteriores aportan una idea bastante cercana y lógica de cuál es el ideal para un buen apostador y cuál le coloca en una peor posición. Siendo fundamentales la templanza y el autocontrol a la hora de invertir y gestionar, evidentemente el perfil ideal será el de un individuo con temperamento flemático, mientras que el menos recomendable será el colérico. El sanguíneo y el melancólico quedan en un punto intermedio.

Según determinados estudios especializados, la persona con temperamento colérico tiende a ser decidido y de firmes opiniones, tanto para sí misma como para otras, y tiende a tratar de imponerlas sin atender a razones. No necesita ser estimulada para tomar decisiones y ejecutarlas, sino que ya dispone de suficientes estímulos interiores. Tiende a fijarse metas muy altas, puesto que se considera capaz de lograrlas. Evidentemente dichos patrones de conducta trasladados al mundo de las apuestas darán lugar irremediablemente a comportamientos autodestructivos y dañinos. Un apostador colérico no acepta consejos y se ve con capacidades de enfrentarse a todo cuanto se le cruce en su camino, por lo que elaborará y publicará pronósticos de fútbol kazajo, baloncesto finlandés, tenis, carreras de galgos, cricket, béisbol y un largo etcétera de disciplinas, sin olvidarse de apuestas en directo ni de la ruleta si fuera menester. En caso de resultados negativos, será incapaz de admitir la asunción de decisiones equivocadas y los hábitos perniciosos y achacará a la mala suerte o a agentes externos su desgracia.

En conclusión, el apostador colérico posee la característica innata de no ser útil ni válido para este tipo de inversión y lo más inteligente que podría hacer es autoestudiarse, probablemente con ayuda de terceros especialistas, y ganarse la vida de cualquier otra manera. Y por supuesto, no participar en ningún foro de apuestas, para beneficio del resto de usuarios.

Finalmente, respecto a los estados de ánimo y las emociones, debido a que son cambiantes con el tiempo y pueden afectar por igual a cualquier persona, conviene tener en mente unas recomendaciones generales. Recuerdo que cuando estudiaba para aprobar la parte teórica del permiso de conducción, en el libro aparecían unas sugerencias bastante lógicas, y que consistían en no conducir con sueño ni tras comidas copiosas, establecer períodos de descanso en viajes largos y por supuesto no combinar la conducción con la ingesta de bebidas alcohólicas o drogas.

En el mundo de las apuestas, la influencia del estado de ánimo y las emociones es importantísima. Y quien juegue al poker será más consciente aún de esta afirmación, puesto que un segundo de desconcentración puede suponer una considerable merma económica. En líneas generales, a la hora de enfrentarse a la parrilla de cuotas o a los jugadores de una mesa, desde este humilde blog se recomienda extremar las precauciones y la cautela cuando el estado de ánimo se vea influenciado por elementos externos como el alcohol, el sueño, los nervios, rabietas, situaciones familiares delicadas o por cualquier otra circunstancia que pueda alterar las capacidades.

14 de noviembre de 2010

Formación e información

Hace unos años, cuando me hallaba amueblando mi humilde morada, le llegó el turno a la cama, objeto al que le otorgo la máxima prioridad teniendo en cuenta que la tercera o la cuarta parte de mi vida transcurre encima de tan preciado y útil objeto. Recorrí varias superficies comerciales de diferente tamaño en pos de la mejor relación calidad-precio, como si me hallara buscando la mejor cuota para cualquier evento deportivo.

Visitando la zona de colchones de una gran superficie comercial generalista cuyo nombre voy a omitir, en un momento concreto no se encontraba en el lugar nadie que me pudiera atender, por lo que acudí a Atención al Cliente requiriendo los servicios del encargado de la zona. Le llamaron por megafonía y al cabo de unos minutos apareció un llamativo personaje con coleta y varios piercings dispuesto a ejercer su labor. No tengo ningún prejuicio contra de la gente con ese aspecto, aunque en ese caso se notaba a la legua que el zagal no tenía mucha pinta de entender de colchones.

“Ese es el Pikolín Iberia, cuesta 645 euros. Ese otro es el Pikolin Vals, cuesta 820 euros”. Y así con el resto del muestrario. Desde luego, el muchacho para leer etiquetas no tenía precio, pero para asesorar sobre colchones, mostraba ciertas lagunas en sus conocimientos.

Posteriormente acudí a una macrotienda especializada en colchones y sofás ubicada en un polígono industrial. El dependiente que me atendió fue capaz de informarme de la composición de cada uno de los colchones, de sus refuerzos lumbares y laterales, de la opinión general de clientes anteriores y de otros aspectos de lo más variopintos que jamás pude haber imaginado. Finalmente adquirí el somier y el colchón en este establecimiento.

Es evidente que mediaba un abismo entre la formación de los trabajadores anteriormente descritos. En cualquier caso, no guardo ningún rencor ni mal sentimiento hacia el vendedor que sólo fue capaz de leerme las etiquetas. Sentí cierta empatía hacia él. La situación es la de la típica gran empresa en la que el descontrol sobre los empleados es absoluto y que a falta de nadie mejor, encomendaron el “marrón” a esa persona. Me imaginé una situación hipotética en la que, sin disponer de conocimiento alguno, me toca sustituir a un vendedor especialista en electrodomésticos para asesorar a un supuesto cliente sobre la nevera de mi cocina. Me podría haber puesto a tartajear “Pues sí, es Balay… es blanca… tiene dos puertas… tiene botones…”, y dicha descripción se encontraría a años luz de lo que un técnico podría explayarse acerca de la capacidad, el compresor, el tiempo de conservación de los alimentos, etc.

Lo descrito es un ejemplo claro de la importancia que tienen la formación y la información en la sociedad actual. Pero no es la única situación que recuerdo al efecto, voy a relatar otra: en mi primer viaje a Portugal pequé de creer saberlo todo sobre el país vecino. “Son como nosotros solo que hablan un poco diferente”. Craso error. Pagué las consecuencias en mi primera comida de restaurante. Según tomamos asiento, un servicial camarero nos sirvió amablemente sin haberlo solicitado todo un sinfín de aperitivos consistente en paté de sardinas, pulpo a la vinagreta, pan, mantequilla, carne marinada, etc. Tras finalizar los postres pude comprobar que, con la misma amabilidad con la que nos habían servido aquellas viandas, las habían incluido en la cuenta. Todo por no haberme ilustrado lo suficiente. Posteriormente pude comprobar que la determinación que toman los clientes avispados es rechazar “amablemente” dichos entrantes, como quien ignora una suculenta promoción de cualquier bookie o un pronóstico que no se encuentre correctamente explicado. La falta de información por mi parte fue lo que causó un pequeño problema que se podría haber evitado, en este caso, que la minuta a abonar fuera más gravosa de lo que inicialmente se esperaba.

El motivo de todo lo que he desarrollado hasta ahora a modo de introducción extensa es para hacer ver que en el mundo de las apuestas la formación y la información no solo son importantes, sino que me aventuraría a afirmar que son imprescindibles. Y lo son tanto desde el punto de vista de la casa de apuestas, como del apostante.

La importancia de que la casa de apuestas tenga a su personal debidamente formado es fundamental de cara a la minimización de riesgos o a la imagen de cara al cliente. A lo largo de la historia de cualquier bookie online hemos comprobado cómo en determinados deportes y mercados ha existido un continuo feedback, de forma que han ido afinando a la hora de posicionar sus cuotas o han ido estableciendo límites a las ganancias de los jugadores más sagaces. Y en cuanto a la imagen de cara al exterior, he podido ver las dos caras de la moneda. Desde casas que gozan de buena fama y exquisito trato al cliente hasta otras que han enseñado sus vergüenzas a primeras de cambio con detalles de lo más absurdos. Un claro ejemplo de lo que hablo han sido numerosos bookies que han querido expandirse por el mercado de habla hispana sin ni siquiera disponer de alguien en su plantilla que conozca la lengua castellana. De cara a la clientela, dan muy mala imagen los errores gramaticales u ortográficos, y ya no hablemos de correos casi ilegibles escritos a golpe de traductor. Por otra parte, un banner en el que se puede leer Cosiga un bono…” tampoco contribuye demasiado de cara a la percepción exterior. El banner en cuestión era de Ladbrokes y lo vi hace algunas semanas en xscores.com

Y ya por último procedo a tratar lo esencial que es la formación en el apostante. Antes de nada quiero hacer un llamamiento a cualquiera que lleve al menos dos años en el mundo de las apuestas a que eche la vista atrás y se percate de todo lo que ha aprendido sobre la materia. No nos damos cuenta, pero hemos aprendido mucho. No en vano, podríamos probar a hablarle de Asian Handicaps, Stakes, Paypal o Surebets a la primera persona que nos encontráramos caminando por la calle y comprobar la cara con la que nos mira. ¡Sabemos mucho, pero nunca es suficiente!.

Un apostante novel no dispone de ese tipo de conocimientos, que se van adquiriendo con la experiencia. Las bofetadas, las malas rachas, el método de prueba y error, las promesas de no volver a caer en determinado desacierto… todos esos aspectos y muchos otros van curtiendo al inversor en apuestas deportivas, en ocasiones sin que éste se percate.

Para ejercer esta actividad en condiciones de obtener rendimientos a largo plazo es conveniente una formación previa de cultura general (conceptos informáticos, psicológicos, estadísticos y matemáticos, idioma inglés, etc.), la cuál debe servir de base para todos los conceptos que se van a asumir después. Y respecto a la adquisición de experiencia en la inversión en apuestas, considero vital una premisa: todo tiene un orden, nunca se debe empezar la casa por el tejado.

Para apostar, generalmente aprendemos de forma autodidacta, no existe en el mercado ningún curso organizado ni estructurado por lecciones. Tampoco imparten esa materia en los planes de enseñanza, al menos por ahora. De modo que es uno mismo quien tiene que ir recabando información de webs especializadas, o tal vez puede tener la suerte de dar con algún amigo o conocido más experto que le ofrezca ayuda al respecto.

En cualquier caso, si algún jugador novato se encuentra leyendo estas líneas, desde este humilde blog se recomienda comenzar por lo básico para posteriormente adquirir conocimientos complejos. Si se abren una cuenta en Betfair, comiencen sabiendo lo que es el back, que ya tendrán tiempo de operar con los lays. Si hacen lo propio en Pinnacle, coloquen una apuesta simple antes de empezar con compras de puntos. Y por supuesto, si ingresan dinero por primera vez en una casa de apuestas, ¡mejor que sean 30 euros que 3.000!

11 de noviembre de 2010

Breve repaso a la obra de Freud

Resultan maravillosos y realmente interesantes los trabajos del neurólogo Sigmund Freud sobre el psicoanálisis, y más teniendo en cuenta que durante los años en que vivió no existían las apuestas deportivas a nivel globalizado, las máquinas tragaperras, los foros ni los chats.

Tras años de experiencias con pacientes histéricos y neuróticos, Freud propuso la teoría de que sus síntomas tenían como causa núcleos traumáticos reprimidos en el inconsciente por ser moralmente inaceptables para el Yo del sujeto.

Aventurándome a extrapolar al mundo de las apuestas las teorías de Freud, cabría preguntarse: ¿qué es moralmente inaceptable para determinados apostantes? Pierdo dinero. No sé controlar el impulso por jugar. No soy capaz de gestionar eficientemente mi dinero. Estoy perjudicando a mi familia con mi actitud. Estoy perdiendo amistades. El juego está repercutiendo a mi rendimiento laboral. He pedido dinero prestado a seres queridos engañándoles y lo he dilapidado en el juego. Y un largo etcétera de conductas incorrectas, que en la propia terminología de Freud, no son aceptadas por el Yo del sujeto. La censura constituye una barrera selectiva entre los sistemas consciente e inconsciente, por una parte, y preconsciente-consciente, por otra, y se halla, por consiguiente, en el origen de la represión. Expresado en otras palabras, el propio sujeto se autocensura, no admite la realidad.

Según el psicoanálisis, los síntomas histéricos y neuróticos tienen su origen en conflictos inconscientes que, aunque ajenos por completo al consciente del analizado, pugnan por emerger a la conciencia. En el jugador compulsivo, sus pérdidas y sus impulsos autodestructivos son el conflicto inconsciente. Los síntomas histéricos y neuróticos que aparecen como consecuencia se podrían resumir en:

1- Comportamientos violentos que tienen lugar por no querer asumir los hechos: insultos a otros internautas y trolling. Este humilde blog en alguna ocasión de forma aislada ha sido el blanco de iras de determinados jugadores compulsivos.
2- Delirios de grandeza: Comentarios del tipo “lo acierto todo, me tienen envidia” durante una buena racha, y escurrir el bulto o recurrir al tristemente conocido “ufff menos mal que me cubrí” cuando los resultados no acompañan (o su variante "jajaja menos mal que me cubrí"). El caso más llamativo que recuerdo respecto a esta socorrida frase es el de un personaje de Barcelona cuyo nick capicúa eran sus iniciales. En un conocido chat de la temática durante varios años escribía varias veces al día que se había cubierto, concretamente en cada ocasión en la que el evento deportivo de turno no terminaba con el resultado que él hubiera deseado, y siempre a posteriori. Ignoro qué habrá sido de la vida del citado sujeto.

Por otra parte, al margen de los indicados síntomas y las conductas fuera de toda regla que el individuo desarrolla en respuesta, han atraído mi atención los llamados mecanismos de defensa, procesos psicológicos impulsados de forma inconsciente por la persona que reducen las consecuencias de un acontecimiento estresante y ayudan a escapar de las frustraciones y amenazas.

Por exponer un ejemplo, a través de los mecanismos de disociación, el inconsciente nos hace olvidar enérgicamente eventos que serían dolorosos si se les permitiese acceder a nuestro pensamiento. Se puede leer casi a diario en cualquier foro o chat de apuestas, a cualquier persona que se vanagloria de las inversiones que le resultaron ganadoras pero “inconscientemente” omite las que resultaron fatídicas.

Otro caso evidente sería el mecanismo de negación. Como su propio nombre indica, y de forma relativamente análoga al anterior, consiste en tratar factores obvios de la realidad como si no existieran. Demostrado está que el juego compulsivo puede producir graves daños para la salud mental. Pero, ¿cuántas personas son capaces de asumirlo? En algunos hilos de Forobet se han dado determinados casos aislados de personas que, amparándose en el anonimato relativo que proporciona un nick, han utilizado la web a modo de confesionario y han expuesto sus errores. No obstante, quienes han reconocido públicamente esta tipología de problemas, apenas representan un porcentaje residual de la totalidad de personas que tienen la salud afectada por el juego, que en España se estima que son unas 500.000.

Respecto al mecanismo de proyección, determinados sentimientos o ideas dolorosas son proyectadas hacia otras personas o cosas cercanas. En el mundo de las apuestas numerosos son los casos que he leído de personas que han acusado a otras de pautas incorrectas, incluso en ocasiones empleando un tono burlesco, y que posteriormente se ha demostrado que quien acusa sea precisamente quien más defectos tenga para pulir.

Los anteriores mecanismos y algún otro que no voy a detenerme a describir son empleados por los llamados mentirosos patológicos o compulsivos. No estoy hablando del famoso trabajo cinematográfico protagonizado por Jim Carrey, sino de una enfermedad psicológica seria, que desconozco qué porcentaje de la población sufre. Los síntomas que desarrollan son similares. En algunos casos son conscientes de su incapacidad para comunicarse con sinceridad pero no pueden controlar su conducta. Otros casos más complejos y graves ni siquiera perciben sus propias mentiras y habitan en un mundo irreal. Expuesto en otras palabras, se creen sus propias mentiras.

Eruditos en la materia con años de formación y experiencia a sus espaldas afirman que si una persona se autoconvence repetidamente sobre la certeza de una mentira, su subconsciente convierte esa mentira en verdad. Una técnica muy similar ha sido empleada por varios gobiernos dictatoriales a lo largo de la Historia: para manipular al pueblo a su antojo han recurrido a la continua repetición de afirmaciones, generalmente acusatorias contra personas contrarias a su régimen, hasta convertirlas en “ciertas”. Entre otros numerosos ejemplos cabría citar al tristemente famoso Ministerio de Propaganda del III Reich.

8 de noviembre de 2010

Ética en las apuestas

Supongo que recordarán el artículo en el que hablo de un chico esloveno que a causa de su adicción a las apuestas cometió una locura de la que se arrepentirá toda su vida. La historia está relatada en este hilo de Bettingadvice, como ya vimos. En uno de los mensajes de ese hilo, un moderador del foro comenta una historia bastante inquietante: un chico escandinavo ha perdido en apuestas la friolera de siete millones y medio de euros, con el agravante de que no solo ha dilapidado su fortuna personal, sino que también ha recurrido a préstamos que le ha concedido su familia, amigos y allegados, dinero que ha acabado en las arcas de los bookies, principalmente Bet365 y Centrebet.

Según se puede leer, durante el proceso de ruina y autodestrucción del chico nórdico, dichas casas de forma continua incentivaban el mal hábito de este jugador compulsivo a base de bonos y promociones personalizadas. Los abogados de la familia pretendían supuestamente emplear este argumento para tratar de recuperar parte del desfalco. Ignoro si lo conseguirían, pero sinceramente soy pesimista al respecto, ya que probablemente de cara a un juez tendría mucho más peso el argumento que expondrían las empresas demandadas: Cada uno es responsable de sus propias apuestas. Esa frase, aparte de ser una verdad como un templo, aparece expresada de esa o de otra manera en las cláusulas de condiciones de cualquier casa de apuestas y es implícitamente aceptada por cada cliente por el mero hecho de abrir una cuenta e ingresar dinero.

En esta noticia se relata un caso similar. Un alma cándida de 28 años ha perdido algo más de dos millones de libras esterlinas en William Hill y culpa al bookie de su desgracia por no haber accedido a su petición de autoexpulsión. La mitad de ese dinero procedía de préstamos de compañeros del negocio, que menudo negocio hicieron en esta ocasión. Uno de los problemas que tenía esta persona era que en momentos de lucidez se autoexpulsaba de algunas casas pero cuando le daba el arrebato abría cuentas en otras y apostaba cantidades estratosféricas. Según se relata en la noticia, los argumentos que iba a exponer el bookie en su defensa son los que yo he expuesto en el párrafo anterior. Al cabo de unos meses, el desdichado jugador perdió el caso ante la popular casa de apuestas. Desconozco qué será de su vida en estos momentos.

Cabe plantearse determinadas preguntas llegados a este punto: ¿dónde están los límites de la ética en el mundo de las apuestas? ¿hasta dónde una promoción se considera moralmente lícita y no debe interpretarse como instrumento para fomentar malos hábitos y arruinar vidas? ¿debemos asumir que en el mundo del juego “vale todo” con tal de ganar dinero y/o fidelizar a clientes?

El artículo va a quedar de cierto modo incompleto, ya que las preguntas planteadas no tienen una única respuesta posible, sino tantas como opiniones caben al respecto. Puede haber quien piense que en el caso del chico nórdico las dos casas de apuestas actuaron sin ética ni escrúpulo alguno. Pero se puede también pensar justo lo contrario:

- Que al igual que por ejemplo La Quiniela y cualquier juego de Loterías y Apuestas del Estado pueden anunciarse en televisión, los bookmakers pueden emprender sus estrategias de marketing, captación y fidelización de clientes como deseen.
- Que cualquier casa de apuestas dispone de la opción de la autoexclusión, así como de autoimposición de límites de ingreso, y que si este usuario no los ha utilizado debe asumir enteramente su responsabilidad.

Voy a dejar correr las cuestiones referidas a la ética y asumir que todos y cada uno de los acontecimientos deben seguir su curso, ya que si nos pusiéramos excesivamente estrictos, podríamos censurar todo comportamiento de cualquier persona relacionada con las apuestas. La industria del juego siempre ha funcionado así: para que existan puestos de trabajo y personas que de una u otra manera obtengan ingresos se necesita a otras que gasten su dinero en la actividad para así equilibrar la balanza y generar un flujo continuo de transacciones. De la misma forma que los médicos no existirían si no hubiera enfermedades, no habría Iglesia sin devotos ni día de los enamorados sin Corte Inglés.

La única afirmación indiscutible que a estas alturas puedo enunciar sobre la ética es que existen acciones u omisiones fraudulentas que quedan fuera de lo generalmente admitido como correcto. Robar, aparte de ser delito, no es ético. Impagos como los de las casas de apuestas Betafterbet o Pointbet o la sala de poker Pitbullpoker, así como cancelaciones arbitrarias de apuestas ganadoras son absolutamente censurables y reprochables. Por lo demás, que cada cuál piense lo que considere oportuno y que cada palo aguante su vela.

5 de noviembre de 2010

Insomnio

Lo dijeron los periódicos: los españoles dormimos peor a causa de la crisis económica. Ahora bien, no es ese el único motivo por el que las personas pierden horas de sueño. ¿Quién no ha retrasado la hora de acostarse por ver el final de un partido? ¿Quién no ha cambiado en alguna ocasión la noche por el día para disfrutar del Open de Australia, la Super Bowl o la NBA? ¿Quién no ha tenido problemas para conciliar el sueño en alguna noche en que tenía pendiente el resultado de una o varias apuestas?

Dado que los trastornos del sueño y las apuestas presentan nexos de unión, considero que procede tratar dicho asunto. El insomnio consiste en la dificultad ya sea para iniciar el sueño o para mantenerlo durante la noche. Y pese a que no se le concede excesiva importancia, la realidad es que para la salud y el bienestar general es imprescindible respetar los períodos de descanso, cuyos mínimos se sitúan en 7 u 8 horas diarias, si bien pueden variar en función de la persona. El incumplimiento de dichos mínimos impide la recuperación que el cuerpo requiere, ocasionando somnolencia y baja concentración durante el resto del día, estados poco compatibles con cualquier actividad laboral, social o de cualquier otra índole.

Analicemos los factores que pueden ser determinantes del insomnio, que principalmente son tres: estrés, depresión o elevada activación del organismo.

Las apuestas pueden provocar estrés y depresión a partes iguales, según la intensidad de la actividad, los resultados de la misma y las características propias de cada persona. En determinados artículos he advertido que una incorrecta gestión del dinero y el tiempo y una secuencia negativa de apuestas perdidas puede acabar llevando a la depresión e incluso a cosas peores.

En cuanto a la elevada activación del organismo, sustancias como la cafeína, el alcohol, o cualquier otra droga en general suele ser la causante. Red Bull te da alas... y te quita sueño y salud. También en este apartado encajaría la realización de esfuerzos físicos fuertes durante las horas previas al sueño.

Respecto a los tratamientos para combatir el insomnio, al igual que ocurre con la ludopatía y las depresiones, existen cantidad de fármacos, que no voy a ser yo quien los recomiende, puesto que siempre he opinado que se debe consumir la menor cantidad posible de medicamentos, y máxime cuando son los propios medicamentos los que pueden generar dependencia, de forma que lo que se puede conseguir es sustituir una adicción por otra. En páginas web especializadas se habla de otros tratamientos más naturales como terapias conductuales o cognitivo-conductuales.

Considero adecuado recordar un refrán: “más vale prevenir que curar”. De forma que, para evitar problemas de salud y fatiga, lo más adecuado es haber dormido las 7 u 8 horas recomendadas. Y para poder disfrutar de ese descanso, se deben prevenir todos los factores que puedan ser nocivos para el sueño, a saber: colchón o almohada de mala calidad, exceso de ruidos o luminosidad, horarios irregulares, estrés, ingesta de sustancias, alimentación inadecuada, etc.

Evidentemente desde este humilde blog se recomienda una correcta prevención, la cuál incluye todo lo relacionado con las apuestas deportivas. Una inversión fuera de bank, supongamos del 50% del mismo, a un encuentro de la NBA, supondrá muy probablemente pasar la noche en vilo pensando en el posible resultado del encuentro y en las negativas consecuencias en caso de no acertar el pronóstico. Así pues, la mejor forma de impedir tales desequilibrios es ajustarse a los porcentajes generalmente recomendados (2-3%) de forma que una eventual apuesta en rojo no altere el estado emocional ni económico. O siendo extremistas, tal vez lo mejor sea directamente no cerrar ninguna apuesta en eventos que no se desarrollen en horario europeo.

Mi caso personal es que durante los seis primeros meses en la actividad, aún en la fase de absorción y asunción de conceptos y conocimientos, sí tuve algún problema de alteración del sueño, causado en ocasiones por la mala gestión del dinero, pero sobre todo por el exceso de horas que podía pasar delante del ordenador. Por la noche, en lugar de ovejitas aparecían los back y los lay de Betfair. Los números de dos decimales negros sobre fondo azul y rosa respectivamente se introducían por la ventana para interrumpir mi plácido sueño. En aquellos tiempos sí utilizaba esa casa, actualmente la ignoro debido a sus pésimas cuotas, Sres. Maldonado, Michaud y compañía.